Apuntan a Fisherton como próximo polo gastronómico

Fuente: La Capital ~ El municipio quiere llevar oferta para satisfacer la demanda creada por un gran crecimiento demográfico y la aparición de muchos proyectos inmobiliarios en la zona.

En el marco de la planificación urbana que se piensa desde el Estado para dar orden al proceso anárquico de movimientos poblacionales, desarrollos inmobiliarios y aparición de servicios que satisfagan demandas de la nueva fisonomía de los barrios de Rosario, el Municipio mira a Fisherton como próximo polo gastronómico.

Una vez asentados el histórico Pellegrini, y más cerca en el tiempo Pichincha, desde la cartera de Desarrollo Económico y Empleo comienzan a mirar otras zonas donde aparezcan otras ofertas diversificadas con perfil propio, para atender la necesidad de consumo de lugares que han cobrado alta densidad de habitantes por la construcción de viviendas y el asentamiento de familias. Como ya dio cuenta La Capital hace algunas semanas, una de ellas es Refinería. Ahora, el objetivo aparece también al noroeste de la ciudad.

Tradicional barrio de Rosario, con una historia ligada al tren (sus primeros habitantes fueron ingleses que se desempeñaban como personal jerárquico del Ferrocarril Central Argentino) y que acaba de cumplir 132 años, Fisherton estuvo siempre caracterizado por la presencia de viviendas bajas, con jardines y veredas arboladas, pero desde 2019 no paran de cercarse terrenos para construir condominios de vivienda colectiva en donde antes solo había una gran casona.

Vinculado a ese despliegue inmobiliario, sumado al éxodo de rosarinos que se instalaron en Funes y Roldán, el Ejecutivo local se muestra interesado en atraer inversores a la zona y que se consolide como un polo que ofrezca una oferta de calidad para todo el oeste, a partir de dos grandes núcleos: el Aeropuerto Internacional Islas Malvinas, con muchas nuevas urbanizaciones que surgieron a su alrededor e incluso el shopping Plaza Open Mall, inaugurado en 2013; y la calle Eva Perón, tradicional corazón comercial y gastronómico de la zona.

El proyecto aún se encuentra mayormente en el terreno de las intenciones, y por el momento están juntando interesados, pero es un sitio atractivo que empieza a tener un movimiento visible. Se trata de una zona que aún tiene pocas opciones para la gran densidad poblacional que adquirió, pero de a poco muchas marcas y propuestas van haciendo aparición.

Una de las características es que hay propiedades de gran valor patrimonial, especiales para la instalación de propuestas gastronómicas de calidad. Sobre Eva Perón hay algunos locales a los que están buscándole proyectos a medida, y el entorno del shopping del aeropuerto es otro lugar a aprovechar.

Desde el municipio creen que es un sector que en este contexto de recuperación económica tiene inmejorables condiciones de despegue. “Sobre la oferta gastronómica y comercial ya instalada, es un barrio con alto potencial, donde hay proyectos con solicitud de permiso, e iniciativas que todavía no llegan a materializarse, pero hay disponibilidad de inmuebles”, afirmó el titular de la cartera productiva local, Sebastián Chale.

Chale cree que se trata de un sector de la ciudad que tiene “condiciones óptimas” por accesibilidad y ubicación para generar un punto de atracción no solamente para los habitantes del barrio, sino también para la gente de la región (la idea es que tome público de Funes y algo de Roldán) e incluso para visitantes. Entre las ventajas, destacó “sus inmuebles de alto valor patrimonial y la calidad de los bares y restaurantes que ya existen”, por lo que no se trata de crear algo de cero sino de potenciar algo que tiene su propia atracción.

“Los polos gastronómicos se terminan dando porque en el sector hay una cantidad de emprendedores y empresarios más jóvenes que entendieron que no compiten entre sí, sino que lo que funciona es que haya núcleos en los que cada uno hace una oferta complementaria, y eso hace que se termine poniendo de moda”, explicó el funcionario. La intención de la actual gestión es apuntalar ese proceso, y que en la ciudad surjan otras referencias con opciones diversas para todo el mundo. El actual contexto de reactivación puede ser un socio fundamental en esa búsqueda.

Cuidar el entorno

“La gastronomía de Fisherton es barrial. Hay restaurantes de clubes, y algunas propuestas por calle Córdoba, pero la oferta sigue siendo medio escueta y posterior a la pandemia hay menos todavía”, define Jorge Thoroughgood, dueño del restaurante Gimme Shelter (Bulevar Argentino al 8000). El gastronómico dice que el crecimiento demográfico de la zona es alto, con muchos emprendimientos de condominios como Fisherton Park o Ayres de Fisherton que le van a dar otra condición al barrio: “Esto es como San Isidro en Buenos Aires, con propiedades de 3 mil o 4 mil metros cuadrados de parque. Las familias de gente más longeva, cuyos hijos se van de las casas, después no saben qué hacer con semejantes propiedades”, apunta.

En ese sentido, se mostró de acuerdo en la propuesta de instalar un polo gastronómico pero dijo que el proyecto debe “ser cuidadoso con el entorno”, como lo hizo al montar su restaurante, que está emplazado en el casco histórico del barrio: “Mi familia está en Fisherton desde mis abuelos. Me siento cómodo siendo un buen vecino”, dijo Thoroughgood, quien tuvo durante 20 años el local Pueblo Fisherton, sobre Eva Perón, inmueble sobre el que hoy están construyendo un edificio de cinco pisos.

En 2019, junto a la bodega Araujo abrió Gimme Shelter en una casa de finales del siglo XIX con historia propia: la construyeron los Egginton, que luego volvieron a Inglaterra, y la compró David Parr, quien con el tiempo se quedó solo en Argentina y sufría secuelas por combatir en la Segunda Guerra Mundial. Hermitaño que vivía con muchos perros y gatos, fue un personaje curioso del barrio hasta que en 1994 un incendio intencional dejó la casona destruida.

Finalmente fue adquirida y reconstruida por Carlos Araujo, quien aceptó la propuesta de Thoroughgood para hacer un restaurante. “Fue una patriada, porque es un elefante blanco en el barrio. Es algo distinto, un local de 500 metros cuadrados con dos mil de terreno. Más que un menú, lo que ofrecemos es una experiencia”, cerró.

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