27 May, 2024
 

Espacios acogedores y con estilo, así son los Wine bars, una tendencia que pisa fuerte

Fuente: Infobae ~ En Buenos Aires y en el resto del país crece la tendencia de los bares especializados para consumir vino de forma más cercana y variada. El diseño y la arquitectura de estos espacios acompañan la propuesta con un estilo que invita a descontracturar y disfrutar de la bebida nacional

El vino, ícono argentino. Bebida que reúne, reconforta, abriga y enamora. Por ella se nos conoce en el mundo, y en las últimas décadas, sobre todo, por haber crecido en cantidad, calidad y exportación. El Malbec, por ejemplo, es asociado directamente a la Argentina, aún siendo de origen francés.

De la mano del esplendor de esta bebida milenaria, en Buenos Aires y el resto del país crece la tendencia de los wine bars. Bares especializados en vinos donde todo -arquitectura, diseño del espacio, decoración y gastronomía- gira alrededor de poder disfrutar de una copa de vino de una manera más descontracturada a la que, anteriormente, estaba asociado este consumo.

«En Buenos Aires crece esta movida, sobre todo en Palermo Hollywood. De a poco el vino gana terreno en donde las cervecerías empezaban a saturar –dijo Marco Ovejero, uno de los dueños del wine bar Ser y Tiempo-. Al ser un producto de mayor valor de elaboración es difícil competir con la cerveza por precio, pero la modalidad ‘por copa’ hace que sea más accesible para quienes quieran darse el gusto sin tener que limitarse por los costos». El bar, ubicado en Gorriti y Arévalo es una casa de los 70 refaccionada para local comercial.

Un ventanal principal de 7×4 metros es lo que más llama la atención desde el exterior. «Se aprovechó el ventanal y se agregó una gran cava para que se luciera desde afuera. El diseño interior está inspirado en un estilo industrial que mezcla la frialdad del cemento alisado, lámparas galponeras, el hierro y las paredes desgastadas con la calidez de la madera. Los sillones capitoné, muebles vintage y la luz tenue terminan de definir el estilo». Ovejero explicó que todas las decisiones arquitectónicas y de diseño tuvieron que ver con crear un espacio acogedor: «El vino está relacionado a momentos íntimos y de diálogo, a tomarse el tiempo para poder disfrutarlo. Por eso, el ambiente tiene que invitar a relajarse, a quedarse lo que sea necesario para desenchufarse de la rutina».

EL wine room Ser y Tiempo, en Palermo Hollywood, tiene un gran ventanal que deja ver la cava de su interior

EL wine room Ser y Tiempo, en Palermo Hollywood, tiene un gran ventanal que deja ver la cava de su interior

Para romper con el típico diseño de restaurante eligieron mesas altas y otras bajas. La propuesta de autoservicio del vino, también, genera un clima descontracturado. Así, los clientes, cuya franja de edad va de los 25 a 70 años y con una mayoría de mujeres, pueden pasearse por el lugar y elegir, por su propia cuenta, el vino que prefieran en varias medidas.

«Los dispensers, Newine, se manejan a través de una pantalla táctil que permiten tener una experiencia completamente intuitiva, dinámica y lúdica. Al seleccionar un vino, además de iluminarse la botella, en la pantalla se puede visualizar fácilmente sus propiedades básicas de ojos, nariz, boca y el tipo de vino que es».

En Ser y Tiempo uno puede servirse su propia copa de vino de los dispensers Newine, manejados por una pantalla táctil

En Ser y Tiempo uno puede servirse su propia copa de vino de los dispensers Newine, manejados por una pantalla táctil

En un wine bar uno puede tomar una copa de vino sin necesidad de pedir una botella entera, y la bebida que reconforta el espíritu es la protagonista absoluta. «‘Bar’ viene originalmente de ‘barra’ en inglés y define una modalidad comercial de bebidas servidas en mostrador. Nuestra diferencia es la forma en que ofrecemos el servicio: los dispensers de vino por copa permiten que el cliente elija entre 56 etiquetas y se sirva el mismo la medida deseada. La idea es degustar distintos vinos que tal vez no se atrevería a probar si solo se ofrecieran por botella», detalló Ovejero. Los vinos en este bar están categorizados por estilos enológicos y geográficos, lo cual permite probar y diferenciar distintos vinos regionales y del mundo. «Nuestro espacio es un lugar para vivir una experiencia de la mano del vino y de la música. La carta es intencionadamente acotada y está pensada para acompañar esta bebida, con una buena variedad de los mejores quesos, tapeos y carnes de exportación», finalizó.

En Cafayate, región salteña donde la tierra sabe a uva y el viento suena a copla, a 40 metros de la plaza principal en una casa de más de 150 años se encuentra el primer wine bar de la ciudad: Bad Brothers, Wine Experience. Agustín Lanús, ingeniero agrónomo, enólogo, dueño del lugar lo describió: «Somos el primer bar especializado en vino. En Europa es algo que se usa mucho, salir del trabajo e ir a tomar una copa de vino. Acá, estaba más pensado para las cervezas; hoy los wine bars son tendencia. La idea es desmitificar el consumo de vino, hacerlo más fácil de tomar, acercarlo a la gente con una propuesta más relajada. Esta bebida te pasea por los distintos lugares, en Argentina tenemos una cantidad de zonas y variedades espectaculares».

Para ello, se eligió una típica casa de los Valles Calchaquíes: «El corazón de la casa se mantiene intacto, con paredes de adobe de más de un metro de ancho. Lo que hicimos fue ampliar una serie de galerías y un quincho con las columnas tradicionales y el diseño típico de acá. Hay gente que lo relaciona con un estilo toscano otros, sevillano. Para mí es calchaquí y cafayateño con toques modernos y confortables, como un aire acondicionado de exterior que tira una especie de bruma que refresca el lugar en los días calurosos. La decoración es sencilla y minimalista».

Bad Brothers es el primer wine bar de Cafayate, provincia de Salta. A metros de la plaza principal se puede consumir el vino por copa en una casa de más de 150 años

Bad Brothers es el primer wine bar de Cafayate, provincia de Salta. A metros de la plaza principal se puede consumir el vino por copa en una casa de más de 150 años

Lanús coincide en que en este tipo de bares todo está premeditado para ensalzar la bebida estrella: «La gastronomía está pensada en función de las distintas propuestas de vinos que hay para maridarlos y resaltarlos. No concibo un wine bar sin una gastronomía acorde a ellos. Creo que todo debe girar alrededor de un ambiente relajado, con buena música. Después del trabajo podés venir a tomar una copa de vino. Así pensamos nuestro wine bar, donde ofrecemos toda la línea de vinos de la bodega Agustín Lanús Wines, y donde tenemos una gastronomía estilo ‘platos bebés’ con productos regionales especialmente pensados para maridar los vinos».

La gente puede consumir los diferentes vinos e incluso hacer su propio blend: «Tenemos unos tanques chiquititos para hacer tu propio Mataca (Malbec, Tannat, Cabernet). Hacés vos el corte, lo pones en una botella y lo encorchas. Diseñas tu propia etiqueta y te la llevas a tu casa». Y finalizó: «El vino es cultura, es relajarse, pasarla bien, se trata de gente que le gusta probar distintos platos y sensaciones para el paladar. Un público ávido de nuevas experiencias, que le gusta viajar y conectarse con la gastronomía».

Pablo Colina, sommelier y socio de VICO Wine Bar, coincidió con que se trata de una tendencia mundial que está instalándose en Argentina, principalmente en las grandes ciudades. «La respuesta del público es contundente, la idea encanta. Insistimos, siempre, en que no se necesita saber de vinos. La idea es que cada uno se sorprenda, que viva su experiencia como se sienta más cómodo, que disfruten del placer del vino sin presiones, de forma descontracturada». Y explicó que la oferta de estos bares es amplia, con diferentes estilos y propuestas: «En todos se apuesta a dar a conocer el vino y dar la posibilidad de degustarlo por copa. Las zonas de mayor concentración en Buenos Aires son Palermo, Recoleta, Villa Crespo, San Telmo y el centro».

Con respecto a su público, Colina explicó que en la sucursal de Villa Crespo la gente fue especialmente a ver de qué se trataba y, naturalmente, se acercó más gente del mundo del vino. «Después quisimos abrir el juego a otros perfiles para que fuera más inclusivo. En Palermo vimos una buena oportunidad para seguir creciendo. Recibimos diariamente grupos de amigos, parejas, gente que se junta a tomar una copa luego de su jornada laboral. Quisimos acercarnos al público en un polo gastronómico, con mucha presencia de turismo, también un público más joven y cercano a la movida de las cervecerías».

El wine bar VICO, apostando a la movida, abrió sus puertas en Villa Crespo y luego desembarcó, también, en Palermo

El wine bar VICO, apostando a la movida, abrió sus puertas en Villa Crespo y luego desembarcó, también, en Palermo

Con respecto al equipamiento e interiorismo, se conectaron los materiales en bruto de la estructura del lugar haciéndolos jugar con materiales nobles y de carácter. «La idea fue crear un espacio de disfrute nocturno. Se utilizó madera teñida y tratada con fuego, metal en crudo, y colores como el azul oscuro para representar la noche y el dorado, la elegancia y calidad. La barra de terrazo negro moldeado tiene agregado de bronce y un frente de corcho lustrado. Y luces puntuales para lograr una escena más dramática».

Y concluyó sobre el diseño: «En VICO se contrapone dos ideas, la de la brutalidad de los materiales en su estado natural con lo elaborado, pulido. Como si se tratara de una cava, se eligieron materiales en bruto como el ladrillo, la madera quemada y cubierta en aceite, el hierro y distintos tonos de cementos alisado. Todo en un espacio atemporal en donde al ingresar se pierde el sentido del tiempo y se despierta la vista, olfato, y tacto para convertirse, al menos por un momento, en pequeños catadores».

La ciudad costera de Mar del Plata también se sumó a la movida. Desde allí, Juan Rodríguez, uno de los socios de Cava Federal, habló sobre la tendencia. «La categoría se está desarrollando muy bien. Si bien es una ciudad muy fuerte en la cerveza artesanal, el consumo de vinos por copa viene siendo otra alternativa. Nosotros hablamos de ‘bar de vino’. Lo decimos en castellano para revalidar esta industria nacional tan importante. Y, además, porque la gran mayoría de los productos que ofrecemos son nacionales».

Mar del Plata, también, tiene su bar de vinos: Cava Federal. El lugar procura congregar gente de todas las edades y para ello tiene espacios para todos los gustos

Mar del Plata, también, tiene su bar de vinos: Cava Federal. El lugar procura congregar gente de todas las edades y para ello tiene espacios para todos los gustos

El lugar, que convoca tanto a jóvenes como adultos, tiene una arquitectura acorde. «Tenemos tres espacios bien definidos. El primer piso es más cómodo: con tu mesa y sillas bajas y un camarero que atiende de manera personal. El patio es la opción desestructurada, donde van principalmente los jóvenes. Cuenta con unas gradas con almohadones que están tomando mucho protagonismo. Los fines de semana, y a partir de los jueves, va mucha gente y es lindo ver como a la 1 am hay gente consumiendo vino. Y la planta interior, al entrar al local, es como una unión entre el primer piso y el patio. Hay mesas altas, banquetas».

El objetivo fue crear un espacio relajado donde gente de todas las edades pueda disfrutar de un momento agradable y, principalmente, probar opciones de copas de distintas zonas vitivinícolas del país. «Tenemos 7 máquinas Newine, y cada dispenser tiene 8 picos. Por lo tanto, son 56 opciones de vino por copa y otras 140 opciones de vino por botella. Se trata de un lugar de encuentro para disfrutar el vino, de manera más personal, acompañado por una gastronomía acorde», finalizó.

Cómo es el proyecto que busca regular la cerveza artesanal

Fuente: El Sol ~ La cerveza artesanal está en auge y Mendoza no es ajena a este furor donde proliferan los bares que ofrecen esta bebida. Sin embargo hay una especie de vacío legal respecto de la producción y elaboración. Es por eso que este martes  el Senado aprobó un proyecto del senador radical Marcelo Rubio para regular este tipo de microemprendimientos. Ahora falta que Diputados lo convierta en ley.

Actualmente los controles están a cargo de los municipios y de la Dirección de Fiscalización y Control de la provincia. Es por eso que frente a la falta de especificaciones precisas, la iniciativa propone la creación de un “Registro de Productores de Cerveza Artesanal”, que dependerá del Departamento de Higiene de los Alimentos del Ministerio de Salud.

Este registro estará integrado todos los que elaboren, distribuyan o vendan cerveza artesanal. A su vez tendrán que estar inscriptos en el Registro Nacional de Establecimientos (RNE) , y el registro del producto en el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), como así también la Inscripción en el Registro Provincial De Productores De Cerveza Artesanal que se cree a tal fin.

Esto permitirá otorgar un sello de garantía a los bares y a quienes expendan el producto artesanal. Ese sello se podrá solicitar a través de la Cámara Mendocina de Cerveceros Artesanales (CAMCA).

“Esto permitirá una elaboración controlada y el sello de calidad permitirá verificar la calidad del producto que se comercializa en el bar”, añadió Rubio.

Además el proyecto prevé la obligación de por parte de los vendedores o revendedores de insumos cerveceros de exigir a los clientes los registros correspondientes a quienes compren cantidades iguales o superiores a 75 kilos de cebada malteada. “Los vendedores de insumos deberán mantener un legajo para cada cliente por compras superiores a los máximos de malta; de manera ordenada para que pueda ser auditado por la Dirección de Higiene”, señala el articulado.

“Es bueno que haya un registro para saber quiénes compran más para poder controlar. Por lo general el que compra menos de 75 kilos es para consumo personal”, añadió el legislador.

Algunos detalles:

Materiales:

El artículo 7 estipula que Los responsables de los establecimientos habilitados para la elaboración  de cerveza artesanal deberán aprovisionar sus ollas de cocción  fabricados en acero inoxidable tratado para no alterar el contenido.

Los fermentadores y tuberías podrán ser de  plástico de grado alimenticio y manguera atoxica mallada u otros materiales permitidos y aprobados por la autoridad de aplicación, según las especificaciones del Código Alimentario Nacional.

Envases recargables

Los envases o recipientes provistos por los clientes para la adquisición de cerveza artesanal  deberán ser de vidrio, plástico  o de acero inoxidable (barriles) con tapa hermética.

Envases descartables

El responsable de la actividad comercial podrá proveer los envases para la venta fraccionada de las cervezas artesanales. Estos envases podrán ser de vidrio, los llamados «growlers», y además se permitirá el expendio en envases descartables.

Denuncias

El usuario podrá realizar denuncias telefónicas o por la página de internet que se habilite a tal fin, ante el  Departamento de Higiene de los alimentos, por todas las circunstancias que impliquen incumplimientos de los deberes del expendedor instaurados en la presente ley.

Cerveza Artesanal

¿Por qué el café es tan malo en Buenos Aires?: el interrogante que inquieta a la BBC

Fuente: Infobae ~ Según la prestigiosa publicación británica, la capital de la argentina tiene las cafeterías más bellas, pero lo que se bebe allí es «feo»

Primero fue la polémica por el fernet, calificada como la bebida «más intomable del mundo» por Market Watch y como un «desagradable jarabe»  por CNN. Y ahora la controversia parece haberse originado en torno al café. Sucede que la BBC puso la lupa sobre una de las infusiones preferidas de los argentinos y llegó a una conclusión que reflejó con una pregunta: ¿Por qué el café es tan malo en Buenos Aires, la ciudad de las cafeterías más bellas?

De acuerdo al corresponsal Daniel Pardo, que se presenta como «colombiano y riguroso consumidor de café», los productos que sirven los bares más populares de la Capital Federal dan «escalofríos». «Es, en una palabra, feo«, adjetivó.

En su artículo publicado en la edición mundo de la prestigiosa cadena de noticias británica, hizo hincapié en el contraste que ofrecen cafeterías emblemáticas llenas de leyendas y detalles artísticos únicos en la región con la calidad de lo que allí se sirve. «Son reliquias de un país que ya no existe: la Argentina potencia de primera mitad del siglo XX», analiza.

Fundamenta su impresión en las opiniones de la experta Florencia Migliorisi, quien asegura que en la mayoría de los locales gastronómicos argentinos a la hora de elaborar un «feca» no se eligen cuidadosamente las cantidades de café y agua, no se cumplen los tiempos de extracción y tampoco se le presta mucha atención a la higiene de las máquinas.

Sergio Mazzitelli, otro consultor reconocido que fue consultado por la BBC, aportó: «La falta de conocimientos culinarios y el oportunismo comercial han hecho una fusión que dio como resultado mucho de lo que conocemos actualmente en el rubro».

Café Tortoni, uno de los locales más bellos de Buenos Aires (Guille Llamos)

Café Tortoni, uno de los locales más bellos de Buenos Aires (Guille Llamos)

Pese a la tradición de los porteños de sentarse en una mesa de bar tanto para resolver cuestiones laborales como para pasar un rato con amigos simplemente conversando de la vida, la Argentina no es un gran consumidor de café: según la Cámara local, el promedio anual por persona es de 1 kilo, una cifra que se encuentra muy por debajo de lo que sucede en Brasil (6 kilos), Costa Rica (3,6 kilos) y Colombia (1,4 kilos). El promedio mundial es de 4 kilos.

«En las cafeterías nunca se le dio importancia al café, sino a la reunión y al espacio físico. Es un espacio para confesarse, para pensar, para enamorarse, para escribir, para componer, sin importar la bebida», explicó Carlos Cantinim, autor del blog Café Contado. Para entender el origen, recuerda que «muchos de los inmigrantes europeos que vinieron a finales del siglo XIX eran hombres solos que vivían en residencias y, al ser una ciudad sin espacio verde, la cafetería se convirtió en el lugar para compartir, en la sala de la casa; eso dio pie a los tangos y a un espacio con una mística muy propia».

En Palermo hay nuevas propuestas que se destacan por la calidad de sus productos (Foto: Lab tostadores de Café)

En Palermo hay nuevas propuestas que se destacan por la calidad de sus productos (Foto: Lab tostadores de Café)

Pese a las críticas, hay un nicho de cafeterías de autor modernas que quieren cambiar la visión internacional. Son espacios donde se utilizan productos artesanales y sus baristas son capacitados para cuidar todo el proceso desde el tostado hasta que procesa y se sirve en una taza en un bar.

Dueños de bares y restaurantes dicen que los consumidores «gastan menos»

Fuente: La Capital ~ «La gente sale más, pero gasta menos, y es por eso que el ticket promedio de consumo nos da más bajo», explicó el titular de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario, Carlos Mellano.

El titular de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario, Carlos Mellano, aseguró que los rosarinos, frente a las restricciones que impone la crisis económica, se las ingenian para cambiar sus hábitos de consumo cuando concurren a bares y restaurantes de la ciudad.
El empresario referente del sector manifestó que el consumo que queda registrado a través de los tickets «es mucho más bajo» debido a que la gente «si bien sale, comparte y achica gastos».

En declaraciones al programa «Zysman 830» que se emite por La Ocho, Meliano sostuvo: «Vemos una realidad importante en los últimos meses. El consumidor decide salir a comer afuera, pero vemos que ha cambiado el comportamiento y eso lo detectamos en los tickets».
En ese sentido, expresó que «un cliente puede desayunar o merendar con café con leche y media lunas o tostado. Pero lo que vemos es que ese consumo es compartido. Entonces, el tickets promedio nos da más bajo».

Salida económica. «Nosotros hacemos el siguiente análisis: la gente sale mucho porque desea el esparcimiento, pero al momento de consumir, restringe gastos o modifica hábitos. En lugar de salir a almorzar, prefiere merendar, y en lugar de cenar opta por tomar una café o una cervecita antes», agregó Meliano.

El rubro gastronómico-hotelero sufre los embates de la crisis. Una encuesta realizada en marzo en 65 establecimientos revelaba que en Rosario la actividad había caído un 60 por ciento. Además, el 90 por ciento de los titulares de esos emprendimientos consideraron que la situación «era mala» o «regular»

Escenarios de la vida porteña: recorrido por los mejores cafés de Buenos Aires

Fuente: Para Buenos Aires ~ Con cristaleras modernistas o viejas mesas de madera; los Bares Notables imperdibles de la ciudad.

Según afirman, Buenos Aires es la Viena de Latinoamérica en lo que respecta a la cultura cafetera. Los vecinos de la Ciudad atestan sus cafés y bares con cualquier excusa: para leer el periódico, para estudiar apuntes o para mantener sus conversaciones. Para preservar la cultura cafetera, el gobierno de la ciudad creó la categoría de los Bares Notables, locales protegidos que forman parte del patrimonio cultural de la capital. Más de 90 figuran actualmente en la lista, que va creciendo año tras año. Al pensar en un bar notable se vendrá a la cabeza un café con sillas tapizadas en rojo, mesas de buena madera y espejos a los que les falta el azogue, un viejo local que en su día fue sede de tertulias de escritores y gentes ilustres —tan a menudo hombres— de siglos pasados. En efecto, Buenos Aires cuenta con bastantes cafés de este tipo en su lista. El Tortoni es el más célebre: el pasado octubre cumplió 160 años y sigue tan concurrido como siempre, pero muchos otros no tienen ese aire tan de alto copete y aun así pertenecen de pleno derecho al patrimonio de la ciudad, pues la vida barrial ha ido tomando forma en torno a ellos. La historia de Buenos Aires se encuentra en estos locales notables, y engrosar la prestigiosa lista es un honor para el café, pero también una gran responsabilidad.

El recorrido empieza por el Tortoni, el santuario ineludible para quien pisa por primera vez Buenos Aires, con su techo de vidrieras decimonónicas, su sala de billares y su hilera de columnas de mármol. A la entrada, aparte de la consabida fila de visitantes que esperan su turno para acceder al café, nos encontramos con una escultura policromada de Eduardo Noé dedicada al letrista de tango Horacio Ferrer. Este gusto por honrar a figuras clave de las artes y el deporte mediante esculturas hiperrealistas es común en Buenos Aires, como veremos una vez dentro del Tortoni, pues en una de sus mesas se encuentran, en animada tertulia suspendida en el tiempo, Borges (algo desmejorado), Carlos Gardel y Alfonsina Storni. Borges y Storni eran asiduos de la tertulia que montó el pintor Benito Quinquela Martín en la bodega del café —lo que hoy es la sala de espectáculos— en 1926. De aquellas décadas quedaron decenas de versos acerca del célebre café, y entre los más conocidos están los del escritor Baldomero Fernández Moreno, que escribió sobre una servilleta su soneto Viejo Café Tortoni: “A pesar de la lluvia yo he salido / a tomar un café. Estoy sentado / bajo el toldo tirante y empapado / de este viejo Tortoni conocido”.

Seguimos sobre la avenida de Mayo. A pocas cuadras del Tortoni se encuentra la confitería London City, un santuario para los que veneran a Julio Cortázar, pues era su café favorito. La primera escena de su novela Los premiostranscurre precisamente en el London, llamado así, a secas, por el escritor. A pesar de los conflictos políticos con el Reino Unido, la tradicional anglofilia porteña está presente en la fachada del café inaugurado en 1954, no solo porque lleve el nombre de la capital británica, sino por la tipografía de su rótulo y el color verde caza de su fachada.

Hoteles con solera
Otra cafetería notable situada también en los alrededores de la plaza de Mayo, donde se encuentran la Casa Rosada y la catedral neoclásica, es La Puerto Rico. Famosa por la calidad de sus dulces, tras tomarse un café con tres medialunas no hay que perderse la cercana Manzana de las Luces (Perú, 272), una esquina que reúne las construcciones más antiguas de la ciudad; entre ellas, la iglesia jesuita de San Ignacio, de 1722, y también el prestigioso Colegio Nacional de Buenos Aires, el instituto público de secundaria del que han salido y siguen saliendo las grandes figuras de la cultura argentina. A la vuelta del colegio luce orgullosa su antigüedad la Librería de Ávila, fundada en 1785 y en la que tantas veces se han detenido a curiosear entre sus estantes los protagonistas de la historia de Argentina.

Más refinamiento: junto al celebérrimo teatro Colón no podía faltar un bar notable. Lo hay, se llama Petit Colón y es perfecto para ir a merendar antes de una función de ópera o un concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. El Petit Colón está decorado como se espera de él: con sillas Thonet, lámparas de araña y elementos dorados. Su público matutino se compone principalmente de abogados, ya que los tribunales están a pocos metros. Por la tarde acuden los melómanos. Pero para encontrar el ambiente más sofisticado mientras se toma el té hay que entrar en los cafés notables que se encuentran en algunos hoteles con solera de la ciudad como el Savoy, el Castelar o el Alvear Palace,inaugurado en 1932. La decoración de boiserie y el edificio del hotel en sí son un clásico de la tendencia parisiense tan fácilmente hallable en el barrio de Recoleta. Luis XIV se sentiría muy bien en esta confitería, en la que exigen vestimenta semielegante y donde han tomado algún cóctel sentados en sus sillas aterciopeladas personajes de la talla de Sharon Stone, Catherine Deneuve o Arthur Miller.

Sin salir del barrio de Recoleta, y esta vez junto al cementerio de igual nombre, tenemos la cafetería La Biela. Espaciosa e informal, su extenso menú ofrece todas las especialidades farináceas de Buenos Aires, incluidos esos adictivos sándwiches de pan de miga con pavo y palmitos. Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, nos llevaremos una sorpresa: esos dos hombres sentados en una de sus mesas, comentando libros y charlando, son nada menos que Borges y Bioy Casares, de nuevo en versión hiperrealista: el autor de El Aleph, con sus consabidos ojos entrecerrados y su bastón, y Adolfo Bioy, con su pinta eterna de galán. Por supuesto, hay una silla libre en su mesa para que todos nos hagamos la foto de rigor con ellos.

Tango y fútbol
Cambiemos de barrio y vayamos a Almagro, donde Gardel emitió sus primeros gorgoritos en público. El tango está presente en el bar notable 12 de Octubre,también conocido como El Boliche de Roberto, cuya fachada fue decorada por el pintor Crespi con un mural que retrata a Gardel y a Osvaldo Pugliese junto a una pareja en pleno baile agarrado. El fútbol, otra pasión porteña, se deja ver en El Banderín (Billinghurst, esquina a Guardia Vieja), que también integra la lista de los bares notables por su extravagancia decorativa, con cientos de banderines de equipos de fútbol en sus paredes.

Pero el verdadero deber moral una vez en Almagro es tomar algo en la confitería Las Violetas. Si ya quedamos boquiabiertos ante las vidrieras cenitales del Tortoni, aún más estupefactos quedaremos ante las vidrieras modernistas que adornan las paredes de este enorme café en la esquina de la avenida de Rivadavia y la calle de Medrano. La lista de quienes lo frecuentaron es larguísima, y entre ellos destaca el escritor Ricardo Piglia (fallecido en 2017), que vivió enfrente durante un tiempo, en el hotel Almagro: “Por supuesto hay que tener un bar tranquilo y bien iluminado cerca si uno vive en una pieza de hotel”, escribió Piglia, y por suerte Las Violetas cumplía los requisitos.

Como no podía ser de otra forma, en la siempre bulliciosa avenida Corrientes también hay bares notables. Para consolarnos de la reciente desaparición del legendario La Giralda, con sus camareros vejetes y su escaparate con objetos de chamarilero, aún nos queda la confitería El Gato Negro, que en su planta baja exhibe su amplio catálogo de especias y tés a granel en venta y en la de arriba sirve menús a mediodía.

En la cercana avenida de Callao tenemos un excelente ejemplo de un café notable que se ha reinventado para no morir: Los Galgos. Sus nuevos dueños han renovado su carta y ahora sirven hasta ají de gallina, pero también cócteles y vermús. Sus buenos productos, interiorismo y música ambiente consiguen que continúe plagado de parroquianos a todas horas.

Uno de los barrios más visitados de Buenos Aires es San Telmo, así que sus cafés notables apenas necesitan publicidad, pues a ellos entran a diario centenares de personas que se dejan caer por la zona en busca de altas dosis de pintoresquismo. El Bar Sur es perfecto para tango y nocturnidad, el Plaza Dorrego es famoso entre otras cosas por su suelo plagado de cáscaras de cacahuete y el Bar Federal destaca por sus picadas, que son el equivalente a las tapas porteñas: una colección de platitos de chacinas, quesos y encurtidos varios.

Por su parte, en el barrio de Palermo, el más extenso de la ciudad, otro bar notable se ha convertido en punto de encuentro de narradores y poetas porteños (algunos presumen de tener allí instalada su oficina): el Varela Varelita. El escritor Héctor Libertella (1945-2006) era uno de ellos y aún cuelgan fotos suyas en las paredes. Hoy lo es César Aira, entre otros muchos. Cuando anochece y toca encender la luz eléctrica, sus fluorescentes de techo lo convierten en una enorme vitrina en la que se exhibe gente de todo tipo. En su interior, los dos televisores que funcionan en silencio no opacan las conversaciones de los parroquianos o habitués, como los llaman allí, ni tampoco sus partidas de ajedrez, con tablero y fichas proporcionados por el café. Los sándwiches de lomo de ternera o de milanesa, con mil complementos a elegir, son los más solicitados y se pueden pedir hasta bien entrada la madrugada, para no olvidar que estamos en la siempre despierta Buenos Aires.

En el barrio de Chacarita, no lejos del cementerio donde están enterrados los más grandes del tango —Homero Manzi, Alfredo le Pera, Osvaldo Pugliese y Gardel, entre otros—, no hay que perderse el Bar Palacio, que además alberga el Museo Fotográfico Simik, lleno de cachivaches relacionados con el arte de retratar.

Entre libros
Y en una ciudad con tantísimas librerías, el sueño de combinar la compra de libros con un café mientras los hojeamos es fácil. En Palermo se encuentran dos librerías-café en las que pasar horas: Libros del Pasaje, cuyo café con luz natural y suelo ajedrezado es de los más silenciosos de la ciudad, y su competencia en belleza y confort: el café de la librería Eterna Cadencia, situada en una casona enorme en Palermo Hollywood, que así se llama por las empresas audiovisuales que se instalaron en sus calles hace unos años.

Si no tenemos a mano un café notable, no hay que descartar acudir a una de las cadenas locales de cafeterías, donde el dulce de leche brilla como producto rey. Las dos más implantadas son Havanna, orgullosa de sus alfajores de renombre, y el Café Martínez, fundado por el emigrante asturiano Atilano Martínez en 1933. El Tostado Café Club es una de las incorporaciones más recientes a la escena cafetera de Buenos Aires. Su misión autoimpuesta es reivindicar el tostado porteño, el sándwich mixto de pan de molde a la plancha, uno de los más solicitados por toda la ciudad. En Tostado Café Club, además, han urdido otras especialidades, como el de lomito ahumado con cebolla y puerro. NR

50 años de trabajo: se jubiló el mozo más histórico del bar más histórico

Fuente: Los Andes ~ Luego de medio siglo en el Jockey Club, se pasó a la clase pasiva. Amado por los habitués, cuenta vivencias de bandejas y cafés.

El jueves de la semana pasada, a las 15.30, Miguel Ángel Morilla (65) se sacó el delantal de mozo del bar Jockey Club por última vez. Un rato antes había servido su último café. Luego saludó a los clientes y abrazó uno por uno a sus compañeros de trabajo. Al día siguiente, le llegaba la jubilación.

Miguel, “o Miguelito” trabajó 50 años en el mismo bar. “Esta es mi familia -dice ya en calidad de cliente sentado en una mesa que atendió miles de veces-; la familia Alonso, que ya va por la cuarta generación con este bar, es mi familia”.

Luego de medio siglo de manera consecutiva y en el mismo edificio, Miguel se convirtió en más que un mozo de bar; la gente lo saluda cuando entra y él responde con la misma amabilidad que cuando usaba el delantal negro con tiras blancas.

“La anécdota más dulce que tengo es que acá mismo conocí a mi esposa; hace 46 años. Ella estaba hablando por teléfono en la puerta del bar; pasé varias veces, nos mirábamos y ahí me acerqué. Vi que estaba todo bien, la invité a salir y casi nada: nos casamos, tuvimos cinco hijos y 7 nietos. ¡Y todavía seguimos, después de 46 años, casados!”.

Con los quince recién cumplidos, en 1969, Miguel empezó a trabajar en el Jockey Club. “Mi papá fue el primer mozo de este local y me hizo entrar junto con mi hermano. No imaginaba, por aquellos años, que este iba a ser el único trabajo de mi vida. Pero estoy orgulloso de haberlo hecho”, cuenta y mira la estatua de cerámica de su padre que la familia Alonso hizo hacer y exhibe en el local.

La vida entera

En su mirada de mozo, Miguel traza un recorrido por los últimos 50 años del país. “Gracias a Dios, nunca me faltó para darle educación y comida a mis hijos. En lo que a mí respecta, las épocas más jodidas fueron entre 1975 y 1990, épocas  en las que estuvimos más apretados por la situación que se vivió en el país durante esos 15 años”.

A medida en que Miguel hace memoria, los habitués del Jockey Club que entran se van a la mesa y lo saludan.

“La gente ha sido muy buena conmigo; con los clientes tenía una relación de respeto mezclada con la cordialidad que aparece con tantos años en el mismo lugar”.

Dada la cercanía del Jockey con la Legislatura, el ahora ex mozo conoció a varios políticos y periodistas que, sobre todo de mañana, iban a “por el cafecito en el Jockey” a buscar alguna información que no salía de la sala de prensa de la Legislatura.

“Claro, tengo muy buena relación con Rodolfo Lafalla que, dicho sea de paso, el miércoles de la semana pasada lo atendí por última vez. Siempre fue muy correcto conmigo. También el ex gobernador Roberto Iglesias era de venir: siempre un hombre muy correcto”.

En cuanto a los hombres de prensa que más recuerda, Miguel no duda: “Ricardo Funez, Marcelo Arce y Juan Carlos Albornoz eran de venir todos los días”.

Nueva vida

“No creo que me pase eso de extrañar el trabajo. Ya tenía ganas de estar más en mi casa. Ayer llevé a uno de mis nietos a la escuela, por ejemplo”.

El entusiasmo es propio de quien está seguro de que ya hizo lo que había que hacer. Y que lo hizo bien.

“No soy muy cafetero, pero claro que voy a volver de vez en cuando acá. Si esta es mi casa”.

En plan de extrañar tampoco duda: “Las propinas, eso voy a extrañar”, ríe con cara de mozo retirado, sin bandeja, sin delantal. Pero completo y feliz.
Secretos para ser un gran mozo por medio siglo 

El café Jockey Club es el más antiguo del microcentro de Mendoza.

En 2009 la esquina fue bautizada  “Pedro Alonso” por el municipio de Capital en honor al iniciador del bar. La iniciativa fue del por entonces intendente Víctor Fayad.

Miguel, el mozo más veterano dice que hay pocos secretos para atender con una bandeja, pero “hay que hacerlos bien.

1- Ser respetuoso con el cliente.

2- Si el cliente es conocido, saberle llevar todas sus mañas (cómo prefiere el café, por ejemplo).

3- Atender con prestancia y ser agradable.

4- Ser profesional. 

Lanzaron una guía Nacional de buenas prácticas para bares y pubs

Fuente: Clarín ~ Buscan prevenir y reducir el desperdicio de alimentos. En Argentina se estima que se desechan 16 millones de toneladas de alimentos por año.

La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable presentó el manual “Bares y pubs sustentables”, una guía nacional de buenas prácticas ambientales enmarcada en una política para la prevención y reducción del desperdicio de alimentos.

La publicación promueve, a nivel nacional, la adopción de criterios de sustentables en el sector y busca difundir prácticas y recomendaciones basadas en el respeto hacia el ambiente. Y toma ejemplos de prácticas que se implementaron en la Ciudad de Buenos Aires.

El lanzamiento (se hizo en el Bar Temple considerado modelo en su política de reciclaje) contó con la participación del secretario de Ambiente, Sergio Bergman quien sostuvo que la guía es «la expresión de los objetivos del desarrollo sustentable de la agenda 2030 aplicados a la gastronomía y al concepto de cambio cultural y de hábitos». El funcionario explicó que el manual apunta a la gestión de residuos, la energía, el agua y la contaminación sonora.

«Se trata de ir hacia un entorno donde dejamos de tirar comida y la llevamos con nosotros luego se consumir en un bar o pub o restaurante para asumir que ser sustentables es un desafío de todos», destacó.

En este sentido, hay que tener cuenta que un tercio de la comida destinada al consumo humano se desperdicia o pierde anualmente, según estimaciones. En nuestro país, por ejemplo, se desechan 16 millones de toneladas de alimentos por año y se calcula que una persona tira 38 kilos de comida por año.

El manual aborda las principales temáticas ambientales que corresponden al sector de bares y pubs, aportando pautas y consejos de fácil aplicación a cuestiones tales como residuos, energía, agua y ruido, entre otros. Su implementación debe ser entendida en su integralidad, siendo necesario el compromiso de llevar adelante un proceso de mejora continua en su aplicación.

Como acción complementaria, la Secretaría de Ambiente nacional presentó una propuesta orientada al concepto de desperdicios alimentarios: las cajas para alimentos (CPA), pensadas para que los comensales de los comercios gastronómicos puedan llevarse lo que no fue consumido, valorizándolo y evitando que se transformen en residuo.

En nuestro país, las iniciativas para la prevención y reducción del desperdicio de alimentos se insertan dentro de los cien objetivos de gobierno; específicamente en el eje IV, Desarrollo Humano Sustentable. Además, la guía apunta a contribuir con los objetivos 11 (ciudades sustentables) y 12 (producción y consumo responsable) de la Agenda 2030 de la ONU.

Presentan un manual para bares sustentables

Fuente: BAE Negocios ~ Apuntan a mejorar la competitividad y rentabilidad a través de prácticas amigables con el medioambiente

El manual de Bares y Pubs Sustentables, una guía de buenas prácticas ambientales pensada para ese sector gastronómico de todo el país, será presentado mañana en Puerto Madero por la Secretaría de Ambiente. La cartera ambiental informó a través de un comunicado que la presentación estará a cargo del rabino Sergio Bergman y tendrá lugar a las 17 en Temple Bar Puerto Madero.

Según indicó el Gobierno porteño, el objetivo del manual es «Impulsarla puesta en práctica de una gestión sustentable en bares y pubs de la Ciudad de Buenos Aires, promoviendo un cambio cultural, incorporando buenas prácticas ambientales para que el desarrollo de actividad» Y agregó que la guía «adopta acciones ágiles y de concreta aplicación que inclusive podrían generar una mejora en la competitividad y rentabilidad«.

El documento afirma que en la Ciudad de Buenos Aires se producen diariamente 6.700 toneladas de residuos y hace hinchapié en la separación de residuos reciclables, orgánicos para realizar compost, el manejo del aceite que puede ser utilizado para biocombustibles, como también buenas prácticas para la disminución de ruidos, energía, agua y consumo.

Se derritió el polo: los bares que le huyeron a Palermo

Como un vaso de cerveza olvidado bajo la canilla de expendio, Palermo se desbordó y salpicó barrios aledaños. Chacarita y Villa Crespo, poco a poco, se convierten en opciones cada vez más atractivas para la salida nocturna.

No es solo un fenómeno relacionado con la saturación del gran polo gastronómico porteño: también cimientan la mudanza las obvias razones económicas, la llegada de consumidores más conscientes con nuevas exigencias, y la corriente de orgullo barrial que recorre muchas mentes jóvenes.

«Es una decisión estética que acompaña una transformación positiva de la ciudad», señala Julián Díaz, quien abriendo 878 (Thames 878) en Villa Crespo en 2004 fue pionero de este éxodo y, hace poco más de un año, sumó la llegada de La Fuerza (Av.Dorrego 1409) a Chacarita.

Para él, el espíritu de este arraigo barrial se une «a la oposición a la vidriera y a lo excluyente» pero también a reclamar una identidad mediante una «lógica que mezcla lo antiguo con lo contemporáneo».

Así, La Fuerza se ancla en una esquina de vieja escuela, con el vermut de producción propia como eje y una cocina honesta de clásicos porteños contundentes.

«Hay mucha gente que quiere un lugar con onda y divertido, pero también tranquilo, con espacio para estacionar y accesible por transporte público», agrega Martín Auzmendi, socio de Díaz en La Fuerza junto a Martín Camps y Sebastián Zuccardi. «Hay un desafío de la gastronomía de ser más democrática y lograr que la gente no tenga que moverse tanto».

Chacarita clásica y moderna
Y Juan Manuel Boetti Bidegain, de Sede Whisky (Guevara 421), coincide. «Los espacios demasiado pensados desde la coctelería implican todo un plan: cómo te arreglás, a qué hora vas, qué haces antes. Nosotros preferimos algo más casual».

Es natural, entonces que la base de su proyecto parta de bajar al whisky de los altares sagrados: Boetti Bidegaín buscó la colaboración de Red de Mujeres para desatar el lazo tradicional entre whisky y hombres adultos, y quiso que Sede tuviera «la energía inmigrante de los clubes sociales pero sirviendo un buen producto».

De esta manera, en su carta conviven la fainá y las milanesas con whiskies como el Loch Lomond Reserve, el Scapa -originario de las islas Orcadas- o el Caol Ila de la costa escocesa.

La misma vibración donde el pasado le guiña a un público renovado se despliega en Almacén Comunal (Guevara 405), que a metros de Sede Whisky ofrece aperitivos, raciones para picar -provoleta, tortilla de papas, hongos en bruschetta- y un burrito de pastrón que es el orgullo de la casa.

«La palabra ‘almacén’ es de época y de barrio. Agarramos una cultura anterior, la de sentarte a tomar algo pero también poder llevarte algo a tu casa» explica Matías Roitman, su propietario. Así, en Almacén Comunal se venden varias de las materias primas utilizadas en los platos: condimentos, salsa, pasta italiana y panes de Salvaje Bakery. Y algunos de los productos llegaron allí por sugerencia directa del público.

«Vienen con ideas, hay un ida y vuelta que está bueno. Apuntamos a estar en contacto con los vecino y sentimos mucho agradecimiento de parte de ellos», explica Roitman dando cuerpo a una idea que sobrevuela tanto a Almacén Comunal como a Sede Whisky: el habitué de bar puede ya no ser un señor que se sienta a tomar un cortado, pero su esencia sobrevive.

Hawai en Villa Crespo
Así, a la llegada el año pasado de Kinky Bar se le sumó poco después el bar de vinos por copa Vico y, hace apenas semanas, el espacio de coctelería tiki Oh’NoLulu! (Aráoz 1019).

Basado en los jugos y las pulpas de fruta fresca, los almíbares saborizados y la presentación colorida, este estilo acompaña en Oh’NoLulu! al pupu platter como propuesta gastronómica: una bandeja de appetizers basados en frutos de mar típica de la cocina hawaiana.

«Tratamos de estar en lugares que no estén demasiado desarrollados, y aunque en Villa Crespo ya hay lugares de referentes, nos parecía una zona adecuada», explica Luis Morandi, propietario del bar y también de Gran Bar Danzón, Sucre y Basa que siguen la misma directiva geográfica: el primero está en San Nicolás, el segundo en Belgrano y el tercero en Retiro. «Buscamos lugares que no sean tan obvios» subraya.

El tesoro oculto de la Confitería del Molino: así restauran los 40 vitrales que hay en el edificio

Fuente: Clarín ~  Están en distintos niveles del inmueble y son exponentes del arte del vitraux en la Ciudad. También renovarán la cúpula. Video y galería de fotos.

A lo lejos se oyen las bombas de estruendo de una protesta sobre la Plaza del Congreso. Pero Mariela no se inquieta. En medio del salón de azulejos blancos, pone masilla con un cepillo de dientes sobre las uniones de un vitral de más de un siglo. A su lado, Julieta forma una pintura gris con una espátula fina. Con mucha paciencia, carga un pincel y lo pasa por un vidrio del tamaño de un celular.

La sala del taller de vitrales de la Confitería del Molino es una burbuja ajena al calor de la calle, al apuro de los transeúntes y al ardor de quienes protestan. Allí se restaura parte de los vitrales que hay en el edificio y lo que manda es el detalle, la delicadeza, la precisión. Un trabajo de hormiga pero de dimensiones titánicas: relevar 1.200 metros cuadrados de vitrales, ficharlos y devolverles la vida.

En enero se desmontaron los paños de la marquesina y, hace dos semanas, los tres vitrales de una de las paredes de la confitería, del lado de la escalera, en la planta baja. Son los primeros en pasar por la restauración, en el marco de la recuperación de esta joya del Art Nouveau que permanece hace 22 años cerrada.

Los restauradores no tuvieron vacaciones: este verano se organizaron en talleres de vitrales, maderas y restauración edilicia, se instalaron en distintos sectores del edificio y ahora planean mudarse al cuarto piso. Todos juntos integran un gran equipo abocado únicamente a recuperar el inmueble. Para eso, a su expertise individual le suman el asesoramiento externo de diferentes especialistas.

Así restauran otro de los secretos ocultos de la Confitería del Molino: los 40 vitrales.

Así restauran otro de los secretos ocultos de la Confitería del Molino: los 40 vitrales.

“La Confitería del Molino es una de las muestras del arte del vitral más ricas de la Ciudad. Los vidrios tienen mucho detalle y cuentan una historia”, destaca Paula Farina Ruiz, miembro del equipo de vitralistas de la Cámara de Diputados y restauradora de parte de la Casa Rosada y de las cúpulas del Congreso y el Círculo Militar. En el Molino es asesora externa y coordina el taller de vitrales conformado por Victoria Campos, Julieta Paradela y Mariela Andreassi.

Las cifras le dan la razón a Paula: hay 1.215 paños de vitral en la Confitería, que pueden medir desde 20 por 40 centímetros hasta casi 1,70 metro por 80 centímetros. Esos paños pueden conformar un vitral entero o sólo parte de uno. En total hay 40 vitrales en el edificio: dos horizontales en el techo, 19 verticales, 18 luminarias y la marquesina exterior, que lleva nada menos que 575 paños. Muchos vitrales cuentan una historia: incluyen escenas de Don Quijote, que sin embargo no tiene vínculo con el nombre del lugar.

Así restauran otro de los secretos ocultos de la Confitería del Molino: los 40 vitrales. 
Foto: David Fernández

Así restauran otro de los secretos ocultos de la Confitería del Molino: los 40 vitrales. Foto: David Fernández

El origen exacto de estos vidrios está en investigación, pero sí se sabe que Francisco Gianotti, el arquitecto que diseñó el edificio, encargaba trabajos a su hermano Juan Bautista, pintor y diseñador que se había especializado en Bruselas y había instalado una empresa en Buenos Aires. Es por eso que Paula cree que hay altas chances de que Juan Bautista haya traído también vidrios para los vitrales desde Bélgica o incluso desde Francia, donde esta técnica medieval tuvo amplio desarrollo.

“El edificio es tan grande que por momentos asusta, con todo lo que hay para hacer. Por eso Paula siempre nos inculca que este trabajo se hace paso a paso, con tranquilidad, pensando en cada cosa”, detalla Julieta. El proceso es largo y complejo. Después de sacar los vitrales, las restauradoras vuelcan el diseño en programas como AutoCAD o Photoshop. Allí registran qué piezas están rotas, cuáles están limpias y cuáles faltan, cuánto miden y si el cordón de plomo que las une está en buen estado o se rompió.

Así restauran otro de los secretos ocultos de la Confitería del Molino: los 40 vitrales.

Para limpiar estos vidrios no siempre hace falta desmontarlos. Pero en muchos casos sí, especialmente si hay suciedad excesiva o hay que renovar la masilla porque se resecó. Esa masilla es la que termina de darle rigidez al paño, ya que se coloca entre medio de los cordones de plomo que mantienen unidas las piezas del vitral.

La mayoría de los vitrales están en muy buen estado: se preservaron los originales en un 90%. “Eso se debe a que se encuentran en lugares de difícil acceso, lo que los protegió del desgaste”, precisa Farina Ruiz. En los pocos casos en que hay piezas rotas, estas se pegan con un adhesivo llamado resina epoxídica, que tiene la virtud de poder ser removida sin afectar el vidrio.

Todos estos pasos quedan debidamente documentados, por si en un futuro hay una nueva intervención. Hasta ahí llega lo técnico. Después queda lo otro: lo que significan los vitrales en la Confitería, y esta última en la memoria emotiva de los porteños.

“En los noventa venía mucho acá con mi mamá. Recuerdo haber visto estos vitrales y nunca me hubiera imaginado que hoy estaría restaurándolos. Es una oportunidad fabulosa”, resalta Mariela, sin dejar de remasillar.
“Hay gente que me cuenta que vino acá con su familia, o festejó sus 15 años, o vino en la panza de su mamá -completa Julieta-. Estar ahora trabajando acá es respetar esa historia, y también empezar a formar parte de ella”. Una historia que, esperan sus restauradores, se extienda al menos 100 años más.

Restauran los 40 vitrales del interior de la Confitería del Molino.

Restauran los 40 vitrales del interior de la Confitería del Molino.

Otros trabajos

Uno de los puntos de la Confitería sobre los que más se trabaja es el salón Rivadavia, anexo al gran salón de fiestas del primer piso. Es que allí hay que hacer de todo: faltan las luminarias originales, se perdieron paneles de falsa madera, se ensuciaron los dorados del cielorraso y muchos detalles se rompieron o directamente desaparecieron. Además, las molduras están empastadas y perdieron definición, por todas las capas de pintura aplicadas a lo largo de décadas.

La solución para este último caso fue tan pequeña como un bisturí: con esa herramienta el equipo técnico comenzó a decapar la pintura. Asesorados por la restauradora Isabel Contreras, sus miembros también recuperan los muros y el cielorraso, preparan superficies y hacen pruebas de limpieza sobre los dorados.

Otra área en la que se avanza es la famosa cúpula en aguja de la Confitería: destinarán $ 10,6 millones en limpiarla, conservarla y protegerla, además de iluminarla para destacar sus detalles. No será una tarea fácil: hay que retirar los elementos que no sean originales, recuperar las terminaciones, reponer los ornamentos perdidos y tratar los que sí hay. Esta semana se publicó el llamado a licitación para la realización de la obra, que durará siete meses. Será fruto de un convenio entre la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, que coordina todos los trabajos, y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño, en el marco del programa de recuperación de fachadas que lleva adelante este último.

Los otros pliegos sobre los que se trabaja son los de la concesión de la confitería. Es que, según la ley que aprobó la expropiación del inmueble en 2014, habrá una en la planta baja y el subsuelo. Del dinero que aporte ese permiso saldrá parte del presupuesto para solventar el mantenimiento y la gestión del edificio.

A su vez, se están recableando las bocas de iluminación de la planta baja y el primer piso para que vuelvan a funcionar. También se retiraron las partes sueltas de las fachadas y la vegetación que las había invadido. Y profesionales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata evalúan la estabilidad del edificio para diseñar el proyecto de refuerzo de su estructura.

Fotos históricas, confitería del Molino. Ahora quieren devolverle el brillo de otros tiempos.

Fotos históricas, confitería del Molino. Ahora quieren devolverle el brillo de otros tiempos.

La Comisión Administradora del Edificio está presidida por el diputado Daniel Filmus e integrada por otros diputados y legisladores. Se creó en julio del año pasado, luego de que se transfiriera el inmueble al Congreso de la Nación.

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