Coronavirus: la pandemia cambia la dinámica de los bares

Fuente: La Nación ~ Los dueños de locales en los polos gastronómicos ya registran una baja en la asistencia nocturna; los boliches de la Costanera cerraron por decreto del gobierno porteño

«¡No te tenemos miedo, coronavirus!», bromea Gisela, y levanta su copa para brindar con Lucía, Luciana y Antonela, que celebran el chiste con ganas. A las 23 de anteayer, las cuatro amigas toman unos tragos en uno de los bares del polo gastronómico ubicado entre las calles Donado y Holmberg, en Villa Urquiza. Un poco más en serio, Luciana agrega: «Estoy a favor de cuidarnos, pero no de la psicosis». Quizás por eso, en la mesa, entre bebidas, celulares y cigarrillos, se ve una botellita de alcohol en gel.

Hay bastante movimiento en la zona. Son muchos los jóvenes que, como ellas, decidieron disfrutar de otra noche de verano en la ciudad. La mayoría, explican, no están preocupados por la llegada del coronavirus al país y creen que la situación no amerita, por el momento, modificar sus salidas habituales. Pero, según pudo constatar la nacion en distintos puntos concurridos de la noche porteña, el nivel de actividad fue más bajo que de costumbre.

Claudia D’Angelo es una productora de TV de 42 años que vive en Coghlan y suele frecuentar la cervecería Gallo Negro, en la calle Donado. «Aunque hoy hay gente, normalmente está mucho más lleno. Igual nosotras vamos a seguir saliendo. En el edificio de la esquina de mi casa hay dos casos de dengue y siento mucho más cerca eso que el coronavirus», cuenta.

En la esquina de Honduras y Fitz Roy, en pleno Palermo Hollywood, también hay una numerosa concurrencia, aunque, según detalla Matías, uno de los camareros de la cervecería Temple, es menor que la acostumbrada: «Desde la cadena nacional de ayer [por el jueves] se notó que bajó la cantidad de gente y la noche muere más temprano. La deducción directa que uno hace es que es por esta alarma que se ha encendido».

Para hacer frente al nuevo coronavirus, en su trabajo tomaron algunas medidas extras y en varios puntos de la cervecería hay carteles que instruyen sobre el correcto lavado de manos. «Tenemos un poco más de rigor en la limpieza de baño: vamos cada 15 minutos para ver que no falte jabón, que haya toallas de mano y que esté todo en orden», dice.

La pandemia es un tema de charla en casi todas las mesas. «Hoy los saludé con el codo», bromea Ezequiel señalando a los dos amigos. «¿Qué vamos a hacer? -se pregunta este estudiante de Educación Física de 26 años-. Nosotros no somos un grupo de riesgo. Hasta que no sea grave, seguimos saliendo».

Ana Belén Soria, de 35 años, y Giannina Donnadia, de 29, juegan juntas al vóley. Esta noche, Ana tenía una invitación para ir a un cumpleaños en un boliche. Pero prefirió salir a tomar algo al aire libre con su amiga. «Era un lugar cerrado y yo soy asmática, entonces tengo que tener cuidado», argumenta. Sobre el coronavirus, cree que «no hay que subirse a la paranoia ni ningunearlo». Y cuenta una anécdota: «Hace un rato, un chico que estaba en la mesa de al lado estornudó, le hicimos una broma y se lo tomó remal». Como los padres de Donnadia son mayores de 65 años, ya les avisó que no iría a visitarlos durante algunas semanas, «por las dudas».

Cerca de las 2, la avenida Costanera Rafael Obligado es un desierto: no hay música ni ruido ni luces, son pocos los autos y las únicas personas que andan por la calle son los tradicionales pescadores. Una escena muy infrecuente durante la madrugada de un fin de semana, explica un remisero que conoce el movimiento de la zona. «Parece de día», dice.

Es que varios de los boliches ubicados allí y habitualmente muy concurridos, como Jet, Banana y Bayside, cerraron de forma temporal por el reciente decreto 140-20 del gobierno porteño, que suspende por un mes las actividades en los locales de baile y prohíbe «todo acto, reunión o acontecimiento de carácter eventual cuyo objeto sea artístico, musical o festivo mayor a doscientos asistentes».

La Agencia Gubernamental de Control de la ciudad informó que durante la madrugada de ayer se hicieron «más de cien inspecciones en locales nocturnos y boliches bailables en los barrios porteños de Constitución, Palermo y Flores». Aunque «la gran mayoría de los locales nocturnos cumplían con la reglamentación vinculada al coronavirus», se clausuraron dos (Ivanoff, en Rivadavia al 7500, y Carnal, en Niceto Vega al 5500) por infringirla.

Una alternativa que encontraron algunos bares para trabajar fue limitar la entrada de gente. Es el caso de Avant Garten, uno de los lugares de moda en los Arcos del Rosedal. Así lo explica Mariano, el encargado: «Estamos trabajando con un máximo de 40 personas adentro, para adaptarnos a la normativa. Tuvimos que cancelar varias cosas, como el DJ, y en vez de cerrar a las 4 hoy vamos a hacerlo a las 2». Uno de los empleados que controlan el ingreso señala el paseo vacío y marca el contraste: «Hay un 70% menos de gente. Cualquier otro día, esto explota».

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