Fin del sorbete. Surge un negocio promisorio para un puñado de empresas

Fuente: La Nación ~ En Frontera ( Santa Fe ) está una de las escasas fábricas de la Argentina de sorbetes biobasados, compostables y certificados para el contacto con alimentos. Están hechos en bioplásticos, un insumo de origen vegetal. En todo el país estos establecimientos no suman más de cinco.

En las últimas semanas Neo Plast, un emprendimiento de Andrés Chávez y Gustavo Charaviglio, viene recibiendo consultas de grandes cadenas de comidas rápidas, petroleras (por los shops en estaciones de servicios) y distribuidores. Aceleran e reemplazo de sorbetes plásticos porque entienden que después de la

La N13432 es la norma internacional que sienta las bases para que un producto sea «compostable»: en 90 días el 90% debe haber desaparecido y, además, no tiene que aportar contaminantes al suelo. En el país, por ejemplo, hay productos oxodegradables, en los que una vez degradados se siguen encontrando micropartículas de plástico.

Los sorbetes fabricados por Neo Plast cumplen la condición de compostables y, a la vez, la de ser aptos para el contacto con alimentos para los que se realizan estudios de «migración» (determina la parte del insumo que también es digerido por el ser humano).

El emprendimiento de Chávez y Charaviglio -cordobeses de San Francisco – nació en enero de este año y salió al mercado hace pocas semanas. Tienen capacidad para producir 10 millones de sorbete mensuales y seis millones de cucharas mensuales (con el mismo material pero con un proceso diferente).

En materia de costos, 1000 sorbetes plásticos cuestan $200; la misma cantidad de bioplástico, $ 800 y las de polipapel, $1400. El bioplástico no proviene del petróleo, sino principalmente del almidón y de azúcares de plantas; en el caso de Neo Plast trabajan con almidón de maíz.

«Hubo que recorrer un camino largo y nada fácil porque no hay industria nacional. Logramos desarrollar un proveedor porque todo es de exportación; probamos materiales italianos, holandeses y mexicanos pero no pasaban el contacto de alimentos», apunta Chávez a LA NACION.

Remarca que tampoco hay un lugar para «chequear y comprobar que el material sea compostable». En 2015 el Congreso aprobó la creación de un comité de evaluación de bioplásticos, pero lo que analiza es la trazabilidad del insumo utilizado en el producto final. Chávez advierte que las normas en la Argentina todavía responden básicamente al plástico convencional por lo que queda mucho por hacer.

Las habilitaciones de la empresa están otorgadas por la Agencia Santafesina de Salud Pública y, además, cuentan con certificación como establecimiento habilitado para trabajar con productos alimenticios (RNE) y envases (RNPE). Pueden operar en todo el país y en el Mercosur.

«Comenzamos el emprendimiento analizando hacia dónde va la tendencia; creemos que es un camino irreversible y que se va a profundizar a todos los envases», dice Chávez. Hoy la alternativa a los sorbetes de plástico son los de polipapel. Fuentes ligadas a la industria admitieron que hay una migración «muy leve» (es decir, algunos micrones de papel van con la bebida).

También hay de bambú o vidrio.Otra posibilidad, que ya instrumentan algunas cadenas, es reemplazar la tapa cruz (la que tiene el corte para insertar el sorbete) por una con pico vertedor. En definitiva, más plástico.

INSUMO

Biopsa, una empresa que integra el Grupo Veco (reúne firmas sustentables), vende el bioplástico a quienes quieran fabricar productos con este material. Investigó durante unos cuatro años y genera a partir de materiales biológicos (azúcar, celulosa, proteínas) que tienen las propiedades de biodegradabilidad o compostabilidad (al menos 90% del material orgánico debe transformarse en CO2 tras 180 días en condiciones de compostaje controlado; tras 90 días de compostaje al menos un 90% del material original debe haberse reducido a fragmentos menores a dos milímetros).

«La tendencia al uso de bioplásticos es creciente e imparable porque permiten disminuir y, eventualmente, eliminar el impacto que tienen los plásticos tradicionales sobre el medio ambiente», indica a este diario Diego Moyano, presidente de la compañía. Al comienzo se usaba caña de azúcar, maíz, papa para su obtención pero ahora ganó terreno, el almidón, como el scrab de la industria del procesamiento de papa.

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