Hay que pasar el invierno: cómo se preparan los bares y restaurantes para el frío

Fuente: Clarin ~ Con las nuevas restricciones por la segunda ola de coronavirus, poco es lo que saben los gastronómicos sobre el futuro de la actividad. Excepto una certeza: hay que pasar el invierno. Con el aire libre como espacio más seguro para comer y reunirse, y a partir del último decreto del presidente Alberto Fernández por ahora también como única opción, desde el sector ya planean estrategias para no perder clientes con la llegada del frío.

Toldos, mantas, calentadores. Electricidad o gas. Comprar o alquilar. Muchas decisiones y mucho dinero para hacer que los clientes estén lo más cómodos posible consumiendo al aire libre aún en invierno. Según los gastronómicos consultados, acondicionar veredas, patios y terrazas implica una inversión que puede ir de $ 50.000 a $ 700.000 por local.

En los alrededores de Plaza Armenia, los bares salen a la calle desde hace tiempo, pero más aún en pandemia. Gontran Cherrier, en Malabia y Costa Rica, ya tiene calentadores Ciroc para todo el que se siente en alguna de sus coquetas sillas parisinas, tanto en la vereda como en la terraza.

La terraza de Gontran Cherrier, en Palermo.

La terraza de Gontran Cherrier, en Palermo.

En la zona del Abasto, la vereda del bar Roma tendrá un sector de toldo con calefacción que demandará entre $ 200.000 y $ 300.000 de inversión. En La Fuerza (Chacarita), de los mismos dueños, saldrá $ 400.000 adaptar y cerrar la terraza.

“Estamos avanzando en un proyecto para que la terraza cumpla con las normas de ventilación pero sea un sector calefaccionado”, cuenta Julián Díaz, uno de los socios en ambos bares. Y destaca como ventaja la antigüedad de los dos edificios, que “por sus mismas características cumplen con las normas de ventilación cruzada naturalmente, por lo que la adaptación es más sencilla”.

El bar La Fuerza. Su dueño quiere sumar un sector calefaccionado en la terraza. Foto Fernando de la Orden

El bar La Fuerza. Su dueño quiere sumar un sector calefaccionado en la terraza. Foto Fernando de la Orden

También marca otro punto clave: la interacción entre calentadores y los hoy omnipresentes sanitizantes. “Hay que trabajar mucho sobre los cuidados con el alcohol y los medios de calefacción, para que no haya ningún peligro”, advierte Díaz.

En La Dorita, La Pescadorita (Palermo) y Bar de Carnes (Recoleta), la inversión será aún mayor: más de $ 700.000 por local, según Sebastián Valles, su responsable gastronómico.

“Todos en el sector hemos invertido bastante dinero para acondicionar los locales para esta nueva realidad -destaca Valles-. En nuestro caso, eso es lo que nos costará colocar toldo, calefacción y otros agregados”.

Los pioneros

Uno de los restaurantes con más experiencia al aire libre es la parrilla Lo de Jesús, en Gurruchaga y Cabrera. Desde antes de la pandemia tenía mesas en la vereda y el jardín, calefaccionadas con tubos radiantes conectados a la red de gas. Además, cuentan desde hace tiempo con estufas eléctricas para calentar el sector del jardín al que no llegan esos tubos.

Ahora planean colocar cuatro estufas eléctricas en un nuevo sector habilitado, en un área peatonal transitoria sobre la calle. Sólo eso les costará $ 300.000. También darán mantas, como venían haciendo desde el invierno de 2019: ruanas de lana que estarán disponibles para los clientes que las pidan y que se enviarán a lavar después de un solo uso.

En las áreas peatonales transitorias se pueden poner mesas. Pero, ¿cómo calefaccionarlas en invierno? Foto Juano Tesone

En las áreas peatonales transitorias se pueden poner mesas. Pero, ¿cómo calefaccionarlas en invierno? Foto Juano Tesone

El restaurante Pani también viene dando mantas hace tiempo en sus dos sucursales de Palermo y la que tiene en Recoleta. Ahora planean sumar muchas más, que enviarán a lavar a diario, y además alquilarán calentadores, lo que les demandará un desembolso de al menos $ 50.000 por mes.

No sólo la calefacción puede alquilarse: también las mismas mantas. Algunos restaurantes contratan ese servicio a lavaderos, que las lavan y las envían envasadas al vacío a los locales gastronómicos.

En la parrilla Canta el Gallo, de Nordelta, siempre hubo mantas, “porque la terraza invita a sentarse al aire libre”, explica su dueño, Francisco Pidal. Y agrega: “Ahora vamos a poner más y a instalar una chimenea de hierro revestida estilo salamandra, que emite muchas calorías”.

La terraza de Canta el Gallo en Nordelta.

La terraza de Canta el Gallo en Nordelta.

Allí también habrá pieles con pelo de oveja y cueros. También matras de campo: telas gruesas que se usan entre el lomo del caballo y la montura. Incluso instalarán calentadores a gas y eléctricos, lo que les representará una inversión inicial de $ 200.000, además de $ 2.000 diarios por el consumo de gas.

Hace dos inviernos que la cafetería de especialidad Cigaló ofrece mantas a sus clientes en su vereda de Villa Urquiza. Pero todavía no tiene calentadores. Sus dueños están evaluando con tiempo qué sistema instalar.

“El drama es que nuestro espacio en la vereda es tan amplio, que calefaccionarlo es un desafío”, explica Federico Bobrovsky, socio de Cigaló. Es que “no se sabe cómo va a comportarse el público en este momento de incertidumbre general, y no es fácil animarse a invertir ahora en una estructura con calentadores -señala-. Sería bueno que hubiera un crédito blando oficial para ayudarnos a comprarlos”.

Veredas con calefacción: qué dice la normativa

Según las normas porteñas vigentes, los calefactores exteriores no pueden medir más de 2,20 metros ni exceder los límites del área gastronómica autorizada. A su vez, deben tener válvula de seguridad con sensor de caída y estar fijados al piso con anclajes, como pernos mariposa.

La calefacción puede ser eléctrica o a gas. Pero, en este último caso, hay una condición: ya no van más los calentadores a garrafa. Quien quiera ambientar con esta fuente energética deberá usar uno de tipo hongo, pirámide o tubo radiante, conectado a la red.

La distancia no es sólo para las personas: también para los calentadores, que deben estar separados entre sí por el doble de su radio de calefacción. Por ejemplo, si calientan hasta tres metros a la redonda, tienen que estar a al menos seis metros del siguiente calefactor.

Además, los calentadores de tipo hongo deben guardar una distancia mínima de 70 centímetros en los laterales y 80 centímetros en altura respecto de materiales que puedan combustionar y que no estén protegidos, como plantas, toldos y plásticos. Esa distancia se amplía a 100 centímetros en altura y 70 en los laterales para los de tipo pirámide.

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