Salir a comer, una costumbre que en agosto llegará al 100% de inflación respecto a un año atrás

Fuente: Clarín ~ Junto a ropa y el calzado, son los dos rubros que más se encarecieron en el último año, más de 25 puntos por encima de la inflación promedio.

Comprar ropa para salir a comer fue, en el último año, la combinación que más se encareció en el último año. Asi como los aumentos en los precios de la ropa y el calzado ya traspasaron el nivel general de la inflación que hoy está en el 71% anual, el rubro restaurantes y hoteles sigue un derrotero similar: en el último año, se encareció 96% y cuando salga la inflación de agosto seguramente estará arriba del 100%.

Algunas consultoras ya proyectan una suba del Índice de precios al consumidor (IPC) para este año cercano a ese porcentaje: por ejemplo, FIEL tiene una estimación del 112,4%. LCG prevé un piso del 95% y también Quantum Finanzas, de Daniel Marx (miembro del elenco de Sergio Massa),  está en 94,9%. 

El salto de los precios en la hotelería y los locales gastronómicos ya venía con fuertes aumentos desde el año pasado pero pegó un salto más importante en la inflación de julio, debido a los incrementos estacionales como producto de las vacaciones de invierno. Según el INDEC la suba del 7,4% del Indice de Precios al Consumidor (IPC) durante el mes pasado, fue en gran medida impulsado por este rubro.

La oportunidad de cobrar precios más suculentos llegó de la mano del creciente turismo tanto interno (que está saliendo más después de la pandemia) como de los turistas extranjeros que aprovechan la ventaja cambiaria. Por esa razón, las vacaciones de invierno alcanzaron valores récord.

Según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) en esta temporada invernal viajaron 15,9 millones de personas por el país, 20,7% más que el año pasado y gastaron $147.313 millones en las ciudades que forman parte del circuito turístico nacional; el impacto económico fue 95,2% mayor a 2021 a precios constantes.

Si se observa el comportamiento del Turismo en el primer semestre del año, hubo 689,4 miles de llegadas de turistas no residentes y se registró un incremento de 922,5% respecto del mismo período del año anterior. 

Desde el sector gastronómico y hotelero explican que los precios se acomodaron a partir de la gran depresión que vivieron los establecimientos durante la pandemia. Entonces, argumentan que hubo miles de locales que debieron bajar sus persianas definitivamente y que se perdieron 180 mil puestos de trabajo, apuntan desde la Federación Empresaria Hotelera y Gastronómica (FEHGRA).

Esa situación fue cambiando a medida que se dejó la cuarentena: un análisis sobre las transacciones con tarjetas de crédito, débito y prepagas que hizo Prisma Medios de Pago, detectó que las transacciones en gastronomía durante el día del amigo (20 de julio) crecieron 34% respecto del año pasado mientras que el volumen se incrementó un 148%.

«Tanto la gastronomía como la hotelería habían mantenido los precios durante la pandemia porque no tenían demanda, e intentaron preservar los puestos de trabajo», explica el analista de Focus Market, Damian Di Pace. «Por eso ahora ambos sectores intentan recuperar parte de lo perdido».

Por otra parte, los alimentos en si, sin considerar el valor agregado que adquieren en los restaurantes, tuvieron aumentos muy importantes a nivel interanual, explica el economista. Y «otro factor que explica el fenómeno son los precios de los alquileres que siguieron subiendo. Con lo cual muchos comerciantes decidieron preservaron sus locales», comentó Di Pace.

Actualmente, quienes optan por una salida gastronómica, no pueden pensar en gastar menos de $2.550 o $3000 por persona. Según el lugar, el gasto puede duplicarse: por ejemplo, en Puerto Madero, comer una empanada, una porción de vació con una ensalada y postre. Sin vino, puede insumir unos $5000.

Según FEHGRA. la gastronomía explica el 70% del índice inflacionario del sector y la hotelería el 30% restante. Para los locales de comidas, el 30% de los costos son salarios y otro 30% servicios e impuestos. «Con el 60% restante, hay más más posibilidades de «manejar la ganancia» aunque el margen es poco porque prestamos servicios al consumidor final”, dijo un empresario vinculado al sector.

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