Tras dos años, reabre El Obrero: “Vamos a arriesgar, pero sabemos que nos puede salir mal”

Fuente: Clarín ~ Silvia y Juan Carlos Castro son los dueños de este restorán con historia que fundó su padre hace 70 años. “Necesitábamos volver a abrir por papá, por nosotros y los clientes. Nos conformamos con no perder”, coinciden.

Preocupados más que ilusionados. Así sería la síntesis para definir los rostros de Silvia y Juan Carlos Castro, los dueños del mítico bodegón El Obrero, que después de dos años cerrado por la pandemia, este lunes volverá a abrir sus puertas.

Tras innumerables cabildeos familiares en los que aparecieron diversos factores como la dura realidad económica nacional, pero también el recuerdo del sacrificio de Marcelino, padre de los hermanos y fundador del local, finalmente se decidió que «era ahora o nunca más».

«Uno extraña los quilombos, viste, pero también uno se pregunta: ‘¿Otra vez? ¿Para qué con esta realidad que tira abajo cualquier emprendimiento?’. Pero es parte de la vida del laburador. Si yo seguía quieto, sin hacer nada, me iba a enfermar… Ahora por lo menos tengo la cabeza ocupada, siento que estoy en carrera, me siento vivo, pero uno se hace mucha malasangre porque se exige y quiere todo perfecto… y no se puede»."Es casi como arrancar de cero, pero con una trayectoria, con un nombre que el cliente conoce, y eso es una ventaja, pero por lo demás sí, es un volver a empezar", dicen los dueños de El Obrero.
 
Foto: Lucía Merle

«Es casi como arrancar de cero, pero con una trayectoria, con un nombre que el cliente conoce, y eso es una ventaja, pero por lo demás sí, es un volver a empezar», dicen los dueños de El Obrero. Foto: Lucía Merle

Hablan por sí solos los ojos claros de Juan Carlos, que denotan conflictividad. Tiene pesadillas con esa heladera que no arranca y con unas goteras caprichosas. «Una casona como ésta, que tiene 110 años de antigüedad, no puede estar fuera de uso durante tanto tiempo porque se produce un deterioro general. Pero ya está, acá estamos, con muchas ganas, pasa que uno ya no tiene la edad de antes«, expresa el polifuncional Castro, de 60 años.

Lo mira con una sonrisa afectuosa Silvia, que también está de aquí para allá poniendo todo en condiciones para volver a empezar. «Es casi como arrancar de cero, pero con una trayectoria, con un nombre que el cliente conoce bien, y eso es una ventaja, pero por lo demás sí, es un empezar de cero. Tuvimos que registrar la marca, que estaba vencida y nos la podían sacar, y fue desgastante recuperar la línea telefónica, que mi papá la tenía desde 1954 cuando abrió, y nos la cortaron porque nos atrasamos dos meses con el pago, ¿podés creer? Reabrir, con todo lo bueno que significa, es demoledor».

A diferencia de los tiempos prepandémicos, El Obrero de abrirá de lunes a sábados, sólo de noche, a partir de las 20, hasta que se retire el último comensal. «De arranque hay que ser prudentes», justifican Juan Carlos y Silvia, que se arremangan y se ponen el overol. «También baldeamos, pasamos el trapo, ejerceremos de mozos, cajeros y si hay que dar una mano en la cocina también lo haremos», hacen saber mientras ella franelea unos cuadros con celebridades que probaron los manjares de la casa.

Se sabe que la fama de El Obrero va más allá de los límites del barrio de La Boca y del contorno de la Ciudad de Buenos Aires. Por este bodegón desfilaron figuras internacionales de la talla de Bono, Manu Chao, Serrat y Sabina, Susan Sarandon y Willem Dafoe, Francis Ford Coppola y Robert Duvall y el príncipe Alberto de Mónaco y hasta Bill Clinton, entre tantos otros. Y de todos hay registros fotográficos que posan en las paredes del local. «Parecen imágenes de otro planeta, de otro mundo, de otra vida«, coinciden los hermanos.
"En estos dos años aparecieron muchos oportunistas que querían comprar el local con ofertas que no valían la pena estudiar", dicen los Castro, dueños de El Obrero.

Foto: Lucía Merle

«En estos dos años aparecieron muchos oportunistas que querían comprar el local con ofertas que no valían la pena estudiar», dicen los Castro, dueños de El Obrero. Foto: Lucía Merle

«Estamos teniendo muchos llamados para reservar para la semana próxima y preguntándonos por los distintos platos y sus precios. Aún no tenemos la lista terminada, seremos muy cautos y precavidos, no queremos que sea un lugar al que se venga una vez por mes, trataremos de mantener esa clientela que venía hasta tres o cuatro veces por semana. No vamos a regalar la comida, que haremos con la mejor materia prima, como siempre, pero somos realistas y sabemos lo sacrificado que es salir a comer afuera», enfatiza Silvia.

Muy estrechos a la hora de tomar decisiones, los Castro comentan:  «Necesitamos volver a tomar confianza, retomar el roce con el cliente, con los proveedores, pasó mucho tiempo y el país es otro. Por eso teníamos tantas dudas, por eso demoramos tanto para la reapertura, porque la incertidumbre del país con el que nos vamos a encontrar en este lado del mostrador no es el mismo país que yo miro en la tele desde mi casa», contextualiza Juan Carlos, que admite que desde hace una semana duerme con dos miligramos de Alplax.El mítico salón vuelve a tomar forma. Por aquí vinieron celebridades como Robert Duvall, Francis Ford Coppola, Willem Dafoe y Susan Sarandon, entre otros.

Foto: Lucía Merle

El mítico salón vuelve a tomar forma. Por aquí vinieron celebridades como Robert Duvall, Francis Ford Coppola, Willem Dafoe y Susan Sarandon, entre otros. Foto: Lucía Merle

¿Qué hubiera hecho Marcelino, fundador de El Obrero, en esta circunstancia? «¿Papá? Hubiera abierto hace rato… Él era más expeditivo, menos vueltero, pero así también se equivocaba. De todas maneras, estaría orgulloso de nosotros y del compromiso que tenemos por estas cuatro paredes, que para nosotros también es la vida, como lo fue para él», dice Silvia con una mueca de alegría mirando la urna envuelta en la bandera de Asturias sobre un mostrador, donde se encuentran sus cenizas. «¿Dónde iba estar mejor que acá?».

Revela Juan Carlos que en estos dos años «aparecieron muchos oportunistas que nos acercaron distintas ofertas para comprar el local, pero ninguna nos pareció sensata… Entendimos que se trataba de gente que con un puñado de dólares y tal vez viéndonos desesperados pensó que seríamos presa fácil de la carnada. El viejo se habría decepcionado mucho. Pensá que él fue inquilino de este lugar durante cincuenta años y recién pudo comprarlo en 2004. Si hubiera habido algo serio lo habríamos vendido, lo teníamos hablado».

Están convencidos Silvia y Juan Carlos que «este regreso no es por lo económico, sino por lo psicológico. A esta altura del partido, plata no vamos a ganar, no tenemos ningún tipo de pretensiones materiales, el objetivo es poner en funcionamiento el lugar y salir hechos, empatados… ¿Cómo imagino las primeras semanas? Irregulares, con buena cantidad de gente desde el jueves y cuesta arriba los lunes, martes y miércoles. Pensá que donde estamos nosotros, sobre la calle Caffarena, no hay nada, ni un barcito, ni un café, sólo está La Usina del Arte, que cierra cuando nosotros abriremos».Escenografía clásica. Volvieron a colgar las banderas que estuvieron en el depósito. La de Asturias, con la cruz amarilla, en homenaje a Macerlino, el fundador.

Foto: Lucía Merle

Escenografía clásica. Volvieron a colgar las banderas que estuvieron en el depósito. La de Asturias, con la cruz amarilla, en homenaje a Macerlino, el fundador. Foto: Lucía Merle

La galopante inflación, el descontrol de los precios, los bolsillos cada vez más flacos… Con esos argumentos, Silvia y Juan Carlos intuyen buena parte de la película que reestrenarán. «Imaginate que desde 1954 nuestro padre primero y nosotros después hemos atravesado un montón de crisis y salimos adelante. Uno confía en que este tobogán algún día se enderezará, pero no queremos enfermarnos aquí adentro si vemos que no hay salida. Como contemplamos la chance de que no funcione, estipulamos un plazo máximo de dos años. Si no cambia la mano, ahí sí bajaremos la persiana«.

Dedicados al rubro gastronómico desde hace añares, los Castro son muy observadores del termostato anímico general. «Cuando decíamos otro país, nos referíamos a cuánto cambió todo para peor después de la pandemia. La gente está transformada, nos llama poderosamente la atención que se perdió la capacidad de disfrute. Predominan el miedo y el decaimiento, y se quiere conservar los poquitos ahorros que quedan», diagnostica Silvia.

Sin embargo, chusmean los dueños que varios curiosos ya consultaron si se mantendrán los hits de la casa como la tortilla babé de tres dedos de altura, la corvina a la vasca con ajo y pimentón, las rabas anchas, secas y doradas, el suculento ojo de bife, o la milanesa a la napolitana que parece el mapa de China. «Esa es nuestra identidad, el bonus track, lo que mantiene una pequeña dosis de esperanza y tiene que ver con la calidad», garantizan.Florencia Vita se suma a esta nueva etapa de El Obrero. Aquí junto a su mamá Silvia Castro.

Florencia Vita se suma a esta nueva etapa de El Obrero. Aquí junto a su mamá Silvia Castro.

Y en esa «pequeña dosis de esperanza» asoma una nueva integrante de la «familia obrero». Se trata de Florencia Vita (36), hija de Silvia, que después de años cumplirá un anhelado deseo postergado. «Es la hora de poner el hombro y apareció esta posibilidad de devolverle a El Obrero todo lo que me dio en mi niñez y adolescencia, porque yo crecí y jugué en estos pasillos… Recuerdo que me quedaba dormida en una de las mesas del salón con tal de esperar a que mi abuelo (Marcelino) terminara de trabajar», desliza emocionada hasta las lágrimas.

Florencia será camarera pero en sintonía con su familia: «Estoy dispuesta a arremangarme en lo que sea y hasta donde me dé (está embarazada de cinco meses). Fueron tiempos muy difíciles y no quería perderme la reapertura de un lugar tan trascendente en mi vida. Más allá de lo que implica a nivel gastronómico, El Obrero me sacude emocional y afectivamente, por eso estoy atravesando un montón de sensaciones hermosas. Después de que tenga a mi bebé, pienso volver a este lugar, porque estoy comprometida con la causa», se seca las lágrimas. 

Hace menos de una semana, solos en el salón tomando un café, Silvia y Juan Carlos decidieron que el lunes 11 sí o sí sería «el re-bautismo», y les costó mucho admitir que «no todo será como era antes. Debemos adaptarnos a estos tiempos y salir a la cancha con lo mejor que tenemos. No estamos diez puntos, pero sí nos brindaremos a lo máximo que esté a nuestro alcance«. 

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