Vinos de mar: cómo son los primeros tintos y blancos hechos en playas argentinas

Fuente: Clarín Gourmet by Carmen Ercegovich ~ Los viñedos están plantados a solo 5 metros del Océano Atlántico en Bahía Bustamante, Chubut. Se elabora Pinot Noir y Semillón.

Son viñedos con vista al mar. Y qué vista. Fue precisamente ese paisaje privilegiado -playas de arena blanca, agua cristalina, atardeceres mágicos- los que inspiraron a un grupo de amigos hace seis años, cuando soñaron la posibilidad de hacer vinos en Bahía Bustamante, una pequeña localidad costera de la provincia de Chubut.

«¿Se podrá?», se preguntaron un día de 2016, mirando ese punto donde la estepa patagónica termina en el océano. El primero que lo pensó fue Tato Giovannoni, un hombre a quien el mar lo seduce desde siempre. El premiado bartender y dueño del bar porteño Florería Atlántico (el mejor de América según el ranking 50 Best Bars) se dio cuenta de que el lugar tenía potencial.

Hacía falta un especialista y lo encontraron. Dos años después, el reconocido enólogo mendocino Matías Michelini cruzó el país de oeste a este, cavó un pozo en la arena, analizó los componentes del suelo y hasta se metió un puñado de tierra en la boca. «Necesitaba ver si era demasiado salada, porque la viña no se lleva bien con la sal», explica hoy a Clarín. No lo era. El desafío parecía posible.Los viñedos de Bahía Bustamante están plantados a solo 5 metros del mar. Foto: Fernando Chao.

Los viñedos de Bahía Bustamante están plantados a solo 5 metros del mar. Foto: Fernando Chao.

Cómo se plantó el primer viñedo productivo a orillas del océano

Las coordenadas que hoy se exploran como un nuevo terroir para la viticultura argentina eran, hasta hace veinte años, uno de los tantos parajes desérticos y desolados en la enormidad patagónica. Bahía Bustamante se estableció en 1952 como un pueblo dedicado a la recolección de algas. Su fundador fue un inmigrante español, Lorenzo Soriano, cuyo nieto, Matías, es hoy junto a su pareja Astrid Perkins uno de los emprendedores al frente de los viñedos.

Matías transformó aquellas casas donde vivían los trabajadores algueros en un lodge turístico ecológico cuyo entorno deslumbró a los enviados del diario New York Times ya en 2011, cuando lo compararon con las islas Galápagos. Hoy, el enólogo Michelini explica que son precisamente esas construcciones las que permiten el cultivo, porque frenan los poderosos vientos continentales que de otro modo arrasarían con las plantas.

Michelini, que en Mendoza está al frente de la premiada bodega SuperUco junto a sus hermanos, reconoce que, acostumbrado a hacer vinos de montaña, nunca había hecho uno de mar y se entusiasmó con la experiencia. A la hora de plantar, eligió cepas blancas y tintas que consideró aptas para el clima oceánico, como el Semillón y el Pinot Noir, «porque captan los aromas del entorno».Tato Giovanonni y Matías Michelini, cuando plantaron los viñedos en Bahía Bustamante, Chubut.

Tato Giovanonni y Matías Michelini, cuando plantaron los viñedos en Bahía Bustamante, Chubut.

Las primeras 2.000 vides de 2018 se duplicaron en 2021, cuando además sumaron una parcela de Albariño. Pero el proyecto, aún hoy que ya va por su tercera vendimia -la primera fue en 2020- sigue estando en una fase exploratoria, de estudio e investigación, no comercial.

Cómo son los primeros vinos de playa argentinos

Aunque no hayan salido a la venta aún, los vinos de Bahía Bustamante son inéditos en Argentina porque nacen en un terruño que hasta el momento nadie había experimentado en el país, donde la producción se concentra mayormente en la zona de Cuyo y Salta y en climas de montaña.

Si bien ya hay una bodega que hace varios años elabora vinos en clima oceánico en Chapadmalal, en la costa bonaerense (Costa y Pampa, del Grupo Peñaflor), esta se encuentra a 6 kilómetros del mar y no tan al sur, por lo que Bahía Bustamante demuestra las posibilidades de expansión del mapa vitivinícola nacional.La vendimia en Bahía Bustamante, con el océano de fondo.

La vendimia en Bahía Bustamante, con el océano de fondo.

«Hasta el momento hemos producido muy pocas botellas que estamos guardando para ver la evolución del vino», dice Michelini. Esa cava fundacional se atesora, por ahora, en el lodge del matrimonio Soriano-Perkins, que vive en el lugar y está encargado de cuidar el viñedo todo el año. No más de doscientas, trescientas botellas, que descorchan a cuentagotas. 

Las vendimias han sido fiestas entre familia y amigos. Matías conduce 1.900 kilómetros desde Tupungato, Mendoza, junto a su esposa e hijos para hacer la cosecha manual y prensar la uva artesanalmente frente al océano. Después, el jugo que extraen lo guardan en huevos de cemento que entierran en la arena. Todo, aseguran, contribuye a generar el carácter de los vinos, que son 100 % ecológicos.

El embotellado también se hizo en el lugar, y pretenden que siga siendo así. Un proceso muy boutique, que conserve el espíritu del lugar. Recién para 2024, estiman, podrían tener una añada en el mercado. Tato Giovannoni, que es diseñador gráfico, ya tiene los bocetos de las etiquetas. El nombre del vino o la futura bodega también se lo reservan. 

Por ahora, los primeros vinos de playa argentinos reposan en una cava a metros del mar, exóticos, lejanos, casi conviviendo con los lobos marinos, los choiques y las ballenas. Les sobra el tiempo para madurar y añejar. Pero ya tienen un lugar asegurado en la historia.

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