Los Platitos 57: el clásico de Costanera Norte famoso por su sándwich de cuadril

Fuente: La Nación ~ Su dueño, Antonio Bianco, empezó con un carrito en los 60 donde vendía choripán y el famoso sándwich de carne que lo acompaña aún ahora

Es un lunes de otoño a la una del mediodía y la parrilla está concurrida: la barra de metal- el sitio más codiciado- tiene a sus habitués, los mozos de oficio van y vienen con generosos platos en mano y los parrilleros asan, en su punto justo, carnes y achuras. Antonio Bianco, vestido con un impecable pantalón y sweater negro, recorre de un lado para el otro el salón. Al “Tano”, como le dicen en el barrio, nada se le escapa y con sus 94 años muy bien llevados (de hecho, muchos se quedan sorprendidos cuando les confiesa su edad) es el alma mater y fundador de Los Platitos 57 en Costanera Norte. “Cuando compré este local en 1977 varios me dijeron que estaba loco. Los primeros meses no venía nadie y fueron difíciles, pero estaba convencido de que íbamos a tener cola. Habrá sido cosa de la intuición, pero no dudé nunca del éxito”, admite, entre risas, Bianco, quien comenzó en el rubro vendiendo choripán en su carrito en la década del 60. Hoy, se enorgullece con la fama que ganó su sándwich de cuadril con papas fritas.

Padre e hijo en el interior del restaurante
Padre e hijo en el interior del restaurante

Don Antonio todos los días sale de su hogar en el barrio de Belgrano y se dirige a su otra casa: Los Platitos. El restaurante abre a partir del mediodía, pero él está firme desde temprano (a eso de las 9 de la mañana). “Este rubro es de lunes a lunes. Si querés que te vaya bien hay que estar”, afirma, sentado en una de las mesas redondas del salón con vista privilegiada al Río de La Plata. Nació en Italia, en la ciudad de Potenza, y emigró cuando tenía apenas ocho años con su madre. En Buenos Aires los esperaba ansioso su padre. A los once comenzó a trabajar en el Mercado de Abasto de Buenos Aires donde se encargaba de cuidar carros (desde las dos hasta las siete de la mañana) y años más tarde consiguió un nuevo empleo en “La Martona”, en el local de la calle Esmeralda. Luego en un bar donde se acercó cada vez más al maravilloso mundo de la gastronomía. Allí pasó por todos los puestos: bachero, ayudante de cocina y también mozo.

El choripán de Los Platitos 57

Fue en 1960 cuando le llegó la propuesta que le cambió la vida. “A Felipe, un amigo y socio, le habían dado la concesión de los carritos en Costanera y me pidió que lo ayudara. No lo dudé. Nos instalamos frente al Aeroparque y yo me encargaba del manejo de la parrilla. Cuando empezamos había casi 60 carritos, ahora quedan 5 o seis. La zona cambió mucho”. Al principio ofrecían solamente choripán, es que el carrito era rudimentario. “Arrancamos sin heladera y sin luz. Alumbrábamos con un farol sol de noche y enfriábamos todo con una barra de hielo. Después pudimos comprar un grupo electrógeno y así empezamos a repuntar: sumamos sándwiches de carne y también cuadril al plato, que lo servimos en los de madera. A la madrugada paraban micros con chicos y pedían entre 20 y 30 sándwiches. Era una cosa de locos lo que se vendía. Aprendí el oficio a medida que íbamos creciendo”, rememora Bianco, quien al tiempo se convirtió en un experto en las brasas. Su corte preferido es la tira de asado acompañado con ensalada mixta y papas fritas.

Una carta antigua del local
Una carta antigua del local

En 1972 su carrito llamado “Los Patitos” pasó a la vereda de enfrente como restaurante. Era la época dorada del balneario Saint Tropez con sus playas urbanas y muchos se cruzaban a almorzar a la parrilla. Entre ellos, Leonardo Favio, Jorge Porcel, Carlos Monzón, quienes eran habitués entre los rodajes de las películas. Años más tarde quiso probar suerte con un nuevo local en la zona y en noviembre de 1977 abrió las puertas de “Los Platitos” en el puesto 57. “Le puse así para confundir un poco a la gente. Los Patitos… Los Platitos”, confiesa con picardía sobre la duda histórica de la similitud del nombre. La nueva locación era inmensa: tres salones para unos 600 cubiertos, paredes con machimbre, piso granito y sillas de cuerina marrón. De decoración, plantas de interior colgantes y distintos barcos en las paredes. Aunque estaba ilusionado con el emprendimiento los primeros meses fueron complejos: “Acá no venía nadie, parecía Siberia. Costó, pero luego empezamos a repuntar. Hoy lo ves lleno, pero es por el sacrificio de muchos años de trabajo. La buena mercadería y la esmerada atención con los clientes fueron claves para el éxito”, asegura.

La parrilla siempre llena
La parrilla siempre llena

Bianco se encargó de enseñarles a los asadores su estilo. “Casi todos se formaron acá y fueron aprendiendo los secretos”, dice. Muchos recuerdan al parrillero apodado “El Gato”, quien lo acompañó desde los inicios y a Lorenzo con una memoria increíble para los nombres y gustos de sus clientes. Antonio, tocayo de Bianco, trabaja hace más de cuarenta años en Los Platitos y se encargó de instruir a las nuevas generaciones de asadores.

La barra de los platitos, cuando pudieron vender take away y delivery la gente hacía cola por sus sándwichs

La barra de metal con banquetas de cuerina es la gran protagonista

Enfrente se encuentra la única parrilla. Los parroquianos disfrutan de la charla con los asadores y de ver el paso a paso de la cocción de las carnes. Bianco, considera que por su ubicación estratégica, la barra siempre fue un éxito.

“La comida entra por los ojos, yo quería que la gente viera cómo se cocina. Al mediodía y a la noche siempre está concurrida”. A toda hora salen bifes de chorizo, lomo, cuadril, ojo de bife, asado, entraña, pollo, achuras (son muy codiciadas las mollejas) y también provoletas. Las brasas siempre quedan encendidas: cierran a las dos de la mañana y a las siete comienzan nuevamente con el fuego. Cuentan que por semana, aproximadamente, utilizan unas 60 bolsas de carbón de unos 15 kilos cada una.

El sándwich de cuadril se volvió un emblema nacional. Consultado si siente orgullo cuando escucha que es el mejor de la ciudad responde: “Lo dice la gente (risas). Es que acá son especiales. Siempre quise que el cliente se fuera conforme y que el sándwich sea abundante”. También piden mucho el de chorizo, bondiola, lomo y de mollejas (un emblema de la casa). Para acompañarlos papas fritas. Las que más salen son las clásicas y las rejilla. Como buen italiano Antonio también es amante de las pastas. Todas las que ofrece son caseras: canelones, fetuccini, sorrentinos, ravioles y panzotti, entre otras. Y no pueden faltar las minutas como la tortilla, revuelto gramajo y las gigantescas milanesas y supremas.

Eduardo, el hijo de Antonio, prácticamente se crio en la parrilla. A los 17 comenzó a dar una mano en la caja y aprendió cada vez más sobre el rubro. Desde entonces acompaña a su padre en el negocio. “Cuando la gente se va conforme y te agradece eso te da una satisfacción enorme. Por acá pasan más de tres generaciones: parejas que venían de novios y ahora llegan con sus nietos; padres con sus hijos y clientes que iban a comer el choripán de papá en los sesenta. Eso nos llena”. A modo de ejemplo Antonio rememora una anécdota de uno de sus viajes. “Estaba en una tienda en Estados Unidos y unos argentinos me empezaron a gritar: “Los Platitos, Los Platitos” y se acercaron a preguntarme cómo estaban sus mozos y parrilleros de toda la vida. Me sorprendí”, expresa. De hecho, muchos que se van a vivir al exterior cuando están de visita en Buenos Aires pasan a recordar los sabores que tanto añoran.

Locación de película

Por sus mesas pasaron figuras del deporte, política y el espectáculo. El plantel de River (Antonio es un fiel hincha del Club), Lucas Demare, Alberto Martin, Susana Gimenez, Guillermo Francella, Carlos Saúl Menem, Zulemita y Mauricio Macri, entre muchos otros más. También fue la locación elegida para algunas escenas de películas y propagandas televisivas. Como la antigua película “¿Qué es el otoño?” con Alfredo Alcón y “Un novio para mi mujer” con Adrián Suar y Valeria Bertuccelli.

Con la pandemia estuvieron cerrados durante tres meses y en mayo 2020 regresaron con delivery y take away. Para su sorpresa se vendieron centenares de sándwiches y hasta se han llegado a formar colas de cuatro cuadras. “Te soy sincero, al principio pensé que le íbamos a vender sándwiches a los peces. Fue una cosa impredecible, no lo podíamos creer”, cuenta Antonio y muestra con su celular un vídeo con la fila que se había formado en la puerta del negocio. El 2020 terminó con novedades: uno de sus nietos abrió una sucursal de Los Platitos en Canning. Además, junto a un grupo empresario gastronómico, tienen el proyecto de expandir el éxito de la parrilla por distintos puntos de CABA y el país. En los nuevos locales estará presente la tradicional barra de “Los Platitos” y los cortes de carne del emblemático local de la Costanera .

“Siento la misma pasión y devoción por este trabajo que a mis inicios. Tengo muchos lindos recuerdos. Uno se aferra tanto a esto, estoy aquí todos los días. Los Platitos es mi casa, mi vida”, concluye Antonio y se le transforma la cara con una sonrisa.

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