Su budín de naranja entró al palacio Buckingham: el chef argentino que conquistó a la Reina Isabel de Inglaterra

Fuente: Clarín ~ Lucas Trigo comenzó a cocinar en su casa de San Isidro. Trabajó para los príncipes de Países Bajos y la soberana del Reino Unido probaron sus delicias.

La infancia de Lucas Trigos (48) tuvo lugar en una casona pintoresca del partido bonaerense de San Isidro. Pero entre juegos de chicos y ganas de jugar al rugby, cuando apenas tenía diez años no imaginaba que se convertiría en un chef reconocido en los más lujosos palacios del mundo. La gastronomía entró as u vida cuando su «Nono» italiano le regaló a él y a su hermano mayor un rifle de aire comprimido. «Mi abuelo me dio un ultimátum: ‘lo que cazás, lo comés. Vos no podés matar nada que no te vayas a comer’ y ahí entendí todo», recuerda.

Desde ahí, el mundo de Lucas se vio envuelto entre las cocinas de sus amigos, las hornallas de sus dos restaurantes y con el tiempo, a alcanzar una meta inimaginable: preparar y sazonar platos para familias reales como los príncipes de Holanda o la reina de Inglaterra. 

«Tenía 5 años cuando mi abuelo me compró el rifle de aire comprimido. Allí se abrió un mundo de posibilidades para mí no solo porque probé todos los pájaros que existen, al menos en zona norte, sino tambien porque descubrí que había algo interesante en la cocina y que el fuego era un socio de la transformación», señala entre risas sobre su primer contacto con la gastronomía.

Aunque el hobby culinario podría haber quedado como una moda pasajera infantil, ocurrió todo lo contrario porque a lo largo de los años se instaló como su tarea primordial en el hogar. «Recién cuando tenía 11 mi mamá me dejó prender fuego y fue ahí cuando supe que lo que me gustaba era comer bien. Allí empecé con la creatividad y la exploración de inventar cosas nuevas».

Y agrega: «Me imaginaba como profesión lo que cualquier niño piensa. Una estrella de rock, astronauta o hasta deportista porque en ese momento jugaba al rugby en el CASI (Club Atlético de San Isidro), pero jamás como cocinero. Para mí la gastronomía es un desafío hermoso».

Abrió dos restaurantes en Bariloche
Abrió dos restaurantes en Bariloche

En 2005 apareció la oportunidad de abrir su primer restaurante en Bariloche para deleitar a los comensales argentinos, experiencia que describe como «de mucho aprendizaje y perseverancia». Siete años más tarde y con un catálogo de responsabilidades aún mayor, gestó su segunda casa de cocina también en la región patagónica de la Argentina donde las brasas y el fuego continuaban siendo el protagonista de la mesa.

«La gastronomía es un mundo muy particular y que desmoraliza desde el minuto cero. La parte práctica en esta profesión es muy importante y es ahí donde uno más aprende, por eso mi primer restaurante fue la primera piedra que me empezó a pulir a mí, porque si bien cometí muchos errores también fue un gran desafío».

Y en base a esto, añade, que trabajar en las cocinas es un descubrir que se da todos los días. «Cuando creés que ya conoces todo de este trabajo, siguen apareciendo nuevas cosas. Algunos creen que es fácil meterse en este rubro, pero es un compromiso enorme saber que estás preparando una comida que va a ir al organismo de una persona», confiesa.

En una de las tantas trayectorias de su carrera, tuvo la oportunidad de cocinarle a 14 mandatarios en la cumbre de Unasur y también la de haber preparado platos para los príncipes de Holanda o para la reina de Inglaterra, por ejemplo.

En una de las tantas trayectorias de su carrera, tuvo la oportunidad de cocinarle a 14 mandatarios en la cumbre de Unasur y también la de haber preparado platos para los príncipes de Holanda o para la reina de Inglaterra, por ejemplo.

Como un relato pasajero, o como si se tratase de la historia de un viejo conocido, Lucas se despoja del término «mundo mediático» para recordar sobre la vivencia de cocinar en un palacio, en los Países Bajos, para la realeza. «Recuerdo que la Reina Isabel elogió un budín de naranja que habíamos hecho. Fue una experiencia increíble, pero para mí todos mis clientes son reyes y eso es lo que más me emociona».

En cuanto a la trayectoria que revelan sus años en el ambiente culinario, Trigos admite que la perseverancia es el ingrediente clave para continuar en carrera. «Acá es importante demostrar para generar recuerdos en los comensales porque un plato se acaba en 10 minutos y es importante sellar una permanencia con los clientes»

Actualmente, Lucas divide los meses de su año entre los paseos y viajes esporádicos a Argentina para visitar a sus tres hijas que aún residen aquí, y el resto del tiempo en Barcelona que es su lugar de permanencia desde hace varios años donde continúa a pleno con su profesión y sus hábitos de chef.

«En España hay mucha cultura gastronómica porque hay gran variedad de recursos y muy buena materia prima. A mí me encantaría quedarme y vivir en mi país, pero en la industria que trabajo es muy difícil», explica sobre las diferencias que resaltan al viejo continente.

Lucas ha trabajo en programas de televisión y también ha sido jurado de competencias gastronómicas internacionales.
Lucas ha trabajo en programas de televisión y también ha sido jurado de competencias gastronómicas internacionales.

Reflexionando sobre sus logros y con un tono radicado del país ibérico, Trigos asegura: «Al Lucas de 11 años lo abrazaría fuerte, le daría un beso enorme y le diría: ‘¡Guapo, prepárate, que viene una vida maravillosa!’. Sé que estaría feliz porque para mí cocinar es como estar en Disney, nunca sufrí esto porque lo hago con pasión y siento que cada servicio es una oportunidad».

De cara al futuro y proyectando qué sería de su vida si habitaría en la ciudad porteña, el cocinero señala que tiene una gran pasión por la docencia porque «me gustaría devolver lo que alguna vez me dieron y así más personas puedan aprender sobre ésta profesión».

«Anhelo poner una escuela granja en Argentina, nada que ver a lo que se conoce aquí. Sería una escuela novedosa e interactiva donde el cocinero tenga la obligación de vivir el proceso de una huerta y de criar animales. Es para respetar sus herramientas y valorar el mundo que va a habitar», concluye.

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