Son alemanes, pusieron un molino de técnica ancestral en Beccar y los restaurantes top codician su harina

Fuente: Clarin by @molinomayal – Trabajan de forma artesanal sin conservantes ni aditivos y producen 800 kilos por día.Tuvieron tanto éxito con sus productos orgánicos que debieron expandirse a Escobar.

El pan es un alimento noble que lleva pocos ingredientes y se elabora de manera simple. Pero un buen pan se hace con buena materia prima y la harina es la más importante. Casi sin quererlo el emprendimiento de harina orgánica de Manuela Schedlbauer y su familia logró conquistar a chefs como Damián Betular, Donato de Santis, Narda Lepes, Gonzalo Aramburu y Fernando Rivarola, entre otros grandes cocineros.

Sus harinas sin aditivos, ni conservantes sonmolidas con una técnica ancestral que, aunque en un principio pareció ser un obstáculo se terminó convirtiendo en un valor diferencial que panaderos y chefs expertos supieron apreciar.

Debido al volumen de los pedidos que tienen, se acaban de mudar de Beccar, donde nacieron las primeras moliendas, a un gran galpón en Matheu, Escobar. Ahora poseen cuatro pequeños silos, dos molinos europeos y uno que está en plena creación. Una historia de perseverancia y trabajo familiar.

La historia de Molino Mayal

Manuela Schedlbauer llegó de su ciudad natal Mannheim, cerca de Frankfurt a Argentina en el año 1986. Aquí conoció a Anton -también alemán- quien había traído un molino, porque quería comer harina integral como la de Europa. Si bien Manuela se dedicaba al cine, siempre promulgó la consciencia sobre la buena alimentación y el cuidado del medio ambiente, incluso sus hijos cursaban sus estudios en un colegio de pedagogía Waldorf.

Juntos empezaron el proyecto del molino, que él tenía guardado. “Fue difícil porque tenías una etiqueta, hacés un prototipo de producto y no te conocen, no se lo vendés a nadie”, se sincera Manuela.Manuela y su familia, el equipo Mayal. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiManuela y su familia, el equipo Mayal. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

El nombre lo eligió Anton buscando en Google. Mayal: instrumento tradicional agrícola utilizado para la trilla de cereales. “La gente cree que es nuestro apellido, pero es por el palo que tiene dos o tres tiras de cuero que se usa para separar cereales”, señala Manuela. En cuanto al logo, surgió la idea de un león (diseñado por ellos mismos junto a una diseñadora) ya que hay un león en el escudo de Baviera, de donde es Anton y también hay uno en el Mannheim, ciudad natal de Manuela.

Fue entonces que Desirée, su hija, la más chiquita de la familia, le dijo: “Hay que tener una cuenta en Instagram”, pensando en dar a conocer la marca. A Manuela le sonó muy raro vender harina por redes sociales pero se dijo a sí misma: “Siempre está bueno unir lo viejo con los jóvenes, porque tienen otra idea, otra visión”. Y así fue.Los molinos son austríacos. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiLos molinos son austríacos. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Con la marca ya definida y toda la energía del comienzo de un proyecto nuevo llegó la primera invitación a una feria. Fueron con la valija llena de esperanzas, ansias y muchos paquetes de harina. Pero las cosas no salieron como esperaban.

“Fue un fracaso… me volví con todos los paquetes. Al lado mío estaba Próspero Velazco -que hace panes con nuestra harina- y él vendió todos los panes y yo nada”, cuenta Manuela quien después de esa derrota comercial decidió pedirle a su hijo Ben a que recorra el barrio y visite todas las dietéticas que vea con la intención de vender los paquetes. Pero los golpes continuaban y los comerciantes después de mirar con desconfianza al paquete artesanal la rechazaban.A Mayal llegan los granos y ellos los muelen con molinos de piedra. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiA Mayal llegan los granos y ellos los muelen con molinos de piedra. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Hasta que un día, un panadero francés, realizó el primer pedido: 5 kilos. La alegría fue grande. Gracias a las redes sociales llega el segundo pedido que abriría las puertas de Mayal al mercado, “100 kilos para enviar a Ushuaia. Nos sentíamos como que habíamos hecho la venta del año”, cuenta Manuela.

Fue un panadero al molino y comenzó a contar a colegas sobre su trabajo. El boca en boca hizo lo suyo. Empezó lentamente a moverse la rueda, muy despacito “porque la gente tiene que probar y le tiene que gustar… y nuestro producto es harina, no es un producto final, entonces como que nos costó el doble”, explica Manuela.

Después de un año, en 2018, llega la invitación a participar de la feria Masticar. La sorpresa fue enorme cuando se quedaron sin stock en unas pocas horas. Anton iba y volvía del pequeño molino de Beccar para abastecer al stand, mientras toda la familia y amigos se agolpaba para colaborar y embolsar la mayor cantidad de paquetes posibles.Ben muestra la molienda. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiBen muestra la molienda. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

La locura de ventas continuó, pero como todo negocio familiar, Manuela hacía (y hace) entregas personalmente. La alemana -con tonada afrancesada- recuerda con simpatía que su auto siempre estaba cubierto de harina y así se dirigía a los diferentes destinos donde tenía que entregar. Entre la incipiente lista de clientes apareció la cocinera Narda Lepes y Donato de Santis.

Aunque es más que gratificante que los grandes chefs compren su producto Manuela se llena de alegría cuando un cliente la espera con un muffin o un pan (hecho con su harina, por supuesto) o con un matecito caliente. “Me doy cuenta que es lo importante. Porque como somos chiquitos siempre la idea fue poder atender a todos, a una familia o a un panadero que necesita una molienda especial”, expresa la experta.

Los granos de las tan aclamadas harinas orgánicas Mayal son productos de tres empresas familiares de Bordenave y Córdoba. “Antes, un camión de granos nos duraba un año. Hoy, un mes y medio”, cuenta Manuela. Es por este motivo que la mudanza no tardó en llegar. El nuevo galpón en Escobar tiene más de 300 metros cuadrados, cuatro silos que compraron a menonitas pampeanos y dos molinos austríacos. El tercero, está en plena fase de producción a cargo de Anton.Cada silo alberga 40.000 kilos de granos. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiCada silo alberga 40.000 kilos de granos. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

En el molino todo es artesanal. Manuela pega las etiquetas a mano. Desirée se encarga de los teléfonos, pesar, embolsar y coser las bolsas con la harina que muele en los molinos a piedra Ben junto al “tío Miguel” un amigo de la familia por más de tres décadas y a un empleado.

Trabajar en familia puede ser hermoso o puede resultar un infierno”, dice Manuela quien trabaja doce horas por día, de lunes a viernes, y algún que otro fin de semana. Cuesta, pero ella sabe que cuando la empresa es propia, si ellos no ponen el pecho, las ganas y el tiempo, nadie lo hará. “Ahora nos sentimos como una pequeña industria porque tenemos cuatro sillas”, bromea.

Por día, elaboran entre 800 y 900 kilos de diversas harinas y no logran quedarse con un poco de stock. Está todo vendido. Algunos de los restaurantes que lideran los pedidos son Alo´s, Chila, Palacio Duhau, la parrilla Don Julio, Atelier Fuerza, Hierbabuena y Aramburu, entre otros. Después de muchos años de intentarlo, actualmente se puede encontrar los productos Mayal en dietéticas y almacenes.

Qué harinas elabora Molino Mayal

Todas las harinas de Mayal son realizadas con molinos a piedra, bajo una técnica ancestral. La diferencia de las molidas a martillo o a rodillo es que con esos métodos son más invasivos y el grano queda cortado. En cambio, cuando se utiliza un molino a piedra no se destruye la estructura molecular del grano. Es una transformación más lenta y no permite producir grandes volúmenes.

“Al ser aplastados entre las piedras, los granos liberan sus aceites aromáticos. La harina tiene otra estructura, absorbe mucha más agua y tiene mucho más sabor», explica Manuela.

https://be751f16ba9b7caed3df2ee47d78889a.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.htmlLas harinas del molino Mayal. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiLas harinas del molino Mayal. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Las bolsas de papel son todas iguales, pero se las distingue por el color del león. Elaboran tres moliendas de harina de trigo (00, 000 y 0000) gruesa, mediana y fina. De centeno también tres moliendas donde la 000 es la más fina.

De maíz, un solo estilo y de espelta, molienda única. “Anton siempre quiso tener espelta, es su objetivo en la vida. Que la gente coma espelta porque es muy saludable”, cuenta Manuela y explica que se trata de un grano muy antiguo, de unos 7.000 años, muy consumido en Europa. Que nunca fue cambiado genéticamente y que tiene mucha proteína.

Molino Mayal. Teléfono 11-5795-8695. Instagram: @molinomayal

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