Chacarita, Villa Crespo y Belgrano, un imán para los extranjeros

Fuente: La Nación ~ El circuito clásico de los viajeros internacionales en la ciudad se extiende y suma nuevos barrios; buscan experiencias alternativas más autóctonas; Colegiales, otro de los destinos elegidos

Si uno se detiene en una esquina de la calle Florida y escucha con atención el bullicio de las personas al pasar, las conversaciones que aparecen y desaparecen, seguramente oirá una variedad de idiomas. Lo más probable será escuchar portugués, inglés o algún otro. Pero este fenómeno no se da únicamente en las zonas céntricas: cada vez hay más turistas extranjeros que recorren las Barrancas de Belgrano, los bares de Chacarita y las calles de Villa Crespo.

Nunca hubo tantos visitantes en la ciudad como en el último año. Según datos del Ente de Turismo de la Ciudad, la cantidad de viajeros extranjeros no solo crece ininterrumpidamente desde 2016, sino que en 2019 alcanzó un estimado de 2,9 millones de personas, 8% más que en 2018. Este incremento se hizo visible también en distritos que no solían ser turísticos, como Chacarita, Villa Crespo, Colegiales y Belgrano, barrios que atraen a aquellos que buscan experiencias urbanas autóctonas y alternativas al circuito clásico.

Las principales tendencias, sin embargo, no cambiaron. Los brasileños siguen encabezando el listado de las nacionalidades que ingresan, con un 36% del total. El promedio de estadía de quienes vienen por vacaciones, de 6,6 días, también se mantuvo en los últimos años. Y Retiro, San Telmo, Recoleta, Palermo, Puerto Madero, San Nicolás y Monserrat aún son los barrios más concurridos.

A través de una herramienta estadística que usa big data de las empresas telefónicas, el Ente de Turismo porteño sabe por dónde se mueven las personas que tienen encendido el roaming de sus celulares con código extranjero. Eso les permite saber qué lugares visitan los viajeros de diferentes países y cómo son sus recorridos. «A los brasileños les encanta Florida. A los estadounidenses, Palermo por la tarde», dice una fuente del organismo.

Esta herramienta también los ayudó a confirmar algunas nuevas tendencias, como por ejemplo que el 46% de los turistas nacionales y el 31% de los internacionales que visitan la Plaza Armenia, Palermo, luego se dirigen a Belgrano. O que un 36% de los turistas nacionales y un 22% de los internacionales que pasean por esa plaza van después a Villa Crespo. Se observó además, aunque sin datos numéricos, un aumento de las visitas extranjeras en Chacarita y Colegiales.

La significativa activación de la llegada de extranjeros a nuevos barrios coincide con el desarrollo de las ofertas culturales, gastronómicas y comerciales de esas zonas.

«Buscamos en internet cuáles eran los mejores bares y nos apareció este. Nos gusta el lugar. Tanto la comida como el barrio dan la sensación de local, de que las personas viven acá -dijo Claire Parker, una estadounidense que visita junto a su marido La Fuerza, una icónica vermutería de Chacarita-. Estamos tomando algo y luego nos vamos a pasear y a comer algo por la zona».

Según comentó Nicolás Abatte, el encargado, antes a ese bar solo iban vecinos y algunos jóvenes de otros barrios porteños, en especial aquellos de estilo bohemio. Pero en julio de 2019 La Fuerza fue elegido por la revista Time como uno de los 100 lugares para visitar en el mundo. Fue el único establecimiento argentino en la lista. A partir de ese momento, recordó, la cantidad de personas que concurren al bar se multiplicó y empezaron a llegar extranjeros. La cifra volvió a crecer cuando la vermutería apareció en la revista de cabotaje de la aerolínea Gol.

«No es un lugar turístico y, sin embargo, los turistas vienen bastante. Ahora, el tiempo de espera es aproximadamente de 30 minutos todos los días», indicó Abatte. Situado en la esquina de Dorrego y Castillo, este bar con soda en sifón, comida tradicional y decoración sobria no es el único del barrio que está viviendo un auge de clientes.

A pocas cuadras, sobre la vereda de un restaurante de tapas, una pareja que habla francés tomaba un Campari con jugo de naranja. «Vinimos a esta zona porque hay una feria de antigüedades que nos encanta [en Newbery y Fraga]. Disfrutamos de revolver el local y encontrar cosas únicas, geniales -detalló Anna Lechowska, polaca que vive en París-. Hoy estamos paseando por distintos bares. Este ya es el segundo y ahora vamos a buscar un tercero». Vino a Buenos Aires a visitar a su novio, de origen brasileño, que está viviendo en la ciudad. «En esta zona y en Villa Crespo la gente es linda, familiar. Eso lo diferencia de Palermo, que es más comercial», opinó Lechowska.

«Buenos Aires es una ciudad diversa y, en línea con lo que ocurre en otras ciudades globales como Nueva York, Londres o París, los turistas buscan conocer y recorrer cada vez más barrios y experimentar la vida de los locales», dijo Fernando Straface, secretario general y de Relaciones Internacionales de la Ciudad. Además de la apertura de nuevos atractivos, como bares, librerías y restaurantes, los comerciantes de la zona cuentan que en estos barrios se está viviendo una reivindicación de lo antiguo, lo histórico, aquello que prevalece en el tiempo.

Aseguran que fue “buena” la temporada para los gastronómicos

Fuente: La Capital ~ El empresario gastronómico y presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Mar del Plata, Avedis Sahakián, aseguró que “la temporada para la gastronomía fue buena”.

Si bien aseguró que los números finales no están analizados y no se puede hacer un “balance” como sí ocurre en otros rubros como el hotelero, los años de trayectoria en el sector turístico lo respaldan al señalar con satisfacción los resultados de lo que va del verano. “Con seguridad podemos decir que aumentó la cantidad de público, pero habrá que ver la cantidad de venta. Hubo más gente, hubo mucho movimiento y, lo que sí puedo decir, es que las ventas relativas mejoraron con respecto a la temporada pasada”, señaló, en diálogo con LA CAPITAL.

Así las cosas, Sahakián aseguró que, para él, “la temporada para la gastronomía fue buena”. Y aclaró que el sector se debe un análisis diferente a la hotelería. “Los hoteles tienen una capacidad limitada, pero no ocurre lo mismo con los restaurantes donde el público fluye”, señaló.

Al igual que los balnearios, Sahakián aseguró que el buen clima del primer mes del año pudo haber favorecido a que más gente se volcara a almorzar o cenar afuera. “Sobre todo en lo que refiere a la gastronomía costera, porque la gente se quedaba más tiempo en la playa y consumía en los lugares cercanos”.

Para el empresario también se da una diferencia entre los restaurantes tradicionales de la ciudad -trabajan bien todo el año y en verano mantienen una “continuidad”- y otros más “novedosos” con “sistemas de atención particulares”, que sí pueden repuntar en temporada estival.

En tanto, los locales gastronómicos considerados “masivos” por sus precios accesibles, como Manolo, Montecatini, Cocina Mamá, entre otros, sí han vivido con un verano “a mucho ritmo”. “Se nota un importante afluencia de público en esos sectores y son en esos lugares donde se debe medir el gasto para poder tener un panorama general de lo que se está gastando o de lo que se gastó en las vacaciones en Mar del Plata”, señaló.

En general, Sahakián aseguró que, en un restaurante accesible y con platos abundantes como los mencionados, cada comensal puede gastar entre $500 y $600 pesos cada uno, siendo ese el ticket promedio por persona que, a rasgos generales, prevé para la temporada.

Más infraestructura

Como ya lo ha hecho en otras oportunidades, el empresario Avedis Sahakián destaca como “imprescindible” la construcción de “más y mejor infraestructura” para recibir al turismo, así como “más aviones y mejores rutas y medios de transporte”.

“El turista tiene que llegar. No podemos tener un avión de ida y otro de vuelta en una ciudad tan importante como Mar del Plata, que está en contacto constante con el resto del país”, indicó el empresario.

Fernando Trocca: «Sabemos mucho de cocinar la carne, pero muy poco del pescado»

Fuente: La Nación ~ A metros del faro de José Ignacio, despunta en Mostrador Santa Teresita la pasión por la buena comida; aprendió a cocinar con su abuela y reconoce que tiene un oficio duro, pero en el que se hacen buenos amigos

Fernando Trocca intentó una y mil veces desde 1988 tomarse vacaciones en José Ignacio, ese plácido pueblo de pescadores que con el tiempo se convirtió en el balneario de moda. Pero nunca lo logró. «Veníamos a veces a comer o a pasar el día. Había caminos de tierra para llegar. Y el pueblo definitivamente era muy distinto a lo que es hoy», recuerda el cocinero que comanda Mostrador Santa Teresita, su muy concurrido lugar de exquisiteces, a metros del faro, que domina la costa. Más de treinta años atrás, muy jovencito aún, llegó a trabajar para Martín Pitaluga, el dueño de La Huella, el restaurante más conocido, que tiene su enclave sobre la Playa Brava de ese balneario y que hoy es su socio y gran amigo. Trocca reconoce que el pionero gastronómico de la zona fue uno de sus grandes maestros, Francis Mallmann.

A pesar de que en la entrada del pueblo hay obras viales muy controvertidas que lo deslucen, Trocca prefiere reparar en sus relevantes virtudes.

«Es un pueblo que tiene mucha magia -destaca- y que a pesar de que está desbordado ahora, sigue teniendo una sugestión muy particular». Todas las mañanas Fernando, que vive en las afueras de José Ignacio durante el verano, llega caminando para estar distendido y poner en marcha la maquinaria humana que llenará platos de manjares al paso. «Cuando llega el mediodía -subraya- el pueblo explota de gente, pero a las seis o siete de la tarde otra vez vuelve a bajar y tiene una noche espectacular, mucho más tranquila que el día».

A continuación, algunos tramos sustanciales de la entrevista que se vio anoche en Hablemos de otra cosa, por LN+.

«Si soy vegano no puedo sentarme en una parrilla y pedir que me armen un plato»

-¿Te queda tiempo para ir al mar?

-Durante la temporada iré unas diez veces a la playa, como mucho. Por empezar, no soy muy fanático. Solo me gusta ir un rato.

-¿Qué hay de la naturaleza de José Ignacio en tus platos?

-Tratamos de usar en lo posible todo lo que nos da el mar: corvina, brótola, a veces lenguado y pejerrey de la laguna. Acá estamos sobre La Brava. Pero del otro lado, sobre La Mansa, están los pescadores a la mañana temprano. La gente que tiene casa acá muchas veces les compra el pescado directamente. Nosotros, también.

-¿Cómo fueron tus veranos más remotos?

-Siempre intenté venir de vacaciones acá y nunca lo logré.

-Pero no debe ser lo mismo que trabajar en Buenos Aires.

-Es otro mundo, nada que ver. Es el lugar al que yo espero todo el año para llegar. Y a pesar de que en un momento es una locura, no siento que estoy trabajando, sino que la estoy pasando muy bien, junto a un equipo que es espectacular.

-¿Santa Teresita se agranda para distintas latitudes?

-Ya se agrandó, ya crecimos, dimos un paso al frente. El año pasado nos contactaron. Y finalmente abrimos Santa Teresita en Montauk, un lugar en Los Hamptons, en Estados Unidos, cerca de Nueva York, que, curiosamente, tiene mucho que ver con José Ignacio. Montauk es un pueblo de pescadores. Y pronto, novedad total, vamos a abrir un Santa Teresita en Buenos Aires. Algo que veníamos ya pensando desde hace algunos años. También vamos a estar cerca del agua, en el puerto de Olivos.

«Los argentinos tienen muchos prejuicios para ciertos ingredientes»

-¿Chef o cocinero?

-Me gusta cocinero.

-¿De dónde viene tu pasión por la cocina?

-De mi abuela Serafina, gran cocinera que tenía una pensión en San Telmo y que estaba casada con un portugués que hacia blends de café y que hoy estaría muy de moda.

-Así como la tuya, había muchas otras abuelas y madres que hacían la pasta casera, los dulces, el pan horneado. Son destrezas que se fueron perdiendo.

-Tengo la suerte de que soy parte de una generación en la que todavía las madres y las abuelas cocinaban mucho.Y mi abuela, como yo soy el menor de tres hermanos, supongo que habrá pensado que era a quien más tenía que cuidar. Era un personaje muy especial, con mucho carácter, muy power. Me ponía en un banquito al lado de ella para que viera cómo hacía la salsa de tomate. Los domingos amasaba la pasta casera. Me enseñaba y me hacía comer de todo.

-Seguramente no se podrá ser buen cocinero o chef si antes no sabés comer bien.

-Lo importante es tener el gusto por la comida. La pasión y el amor por comer. El paladar se desarrolla, por supuesto.

-¿Y cuáles son esas comidas que a vos te gustan?

-Hace muchos años hice un programa que se llamaba Cocina para hombres. En su momento fui criticado por algunas mujeres que creían que así yo dividía. Pero sigo pensando que hay una cocina, como hay perfumes para hombres y para mujeres, que identifica más a ciertos gustos masculinos.

-¿Significaría gustos más fuertes?

-Mollejas, chinchulines. Más condimento, más picante, más salvaje, si querés. Lamentablemente ahora ya tengo que cuidarme un poco más con lo que como, pero me gusta toda esa comida. No soy amante de lo light.

-Con la gastronomía muy elitista a veces uno dice: «Me muero de hambre». ¿Es así?

-Ya pasó, pero no todavía en el inconsciente de la gente. Fue en una época, la famosa nouvelle cuisine, que ofrecía porciones muy chiquititas en platos muy grandes.

-¿Y el fast food arruinó mucho?

-Fast o slow, siempre se puede comer bien. Importa la calidad de lo que comemos, no la velocidad. Ojalá la gente tuviera más tiempo para disfrutar de la comida. Pero se puede comer rápido y bien.

-Hablás de tu abuela como tu gran iniciadora. Pero después tuviste otros «ángeles gastronómicos». Gato Dumas, particularmente, y también Francis Mallmann. ¿Qué fueron aportando ellos en particular?

-Mucho y diferente en ambos casos. Con el Gato aprendí que en la cocina, además de vivir momentos de estrés y de ser una profesión que es muy sacrificada, podés pasarla muy bien y divertirte.

-Y que no te agarre la rutina; la necesidad de mantener en alto cierto espíritu inquieto…

-La cocina es como la música, algo que no se termina nunca.

-¿Es un lugar en el que también se hacen amigos?

-Así es. Por ejemplo, Gunda [Claudia Fontán] es amiga mía. Ella siempre dice que es mucho mejor cocinera que actriz. También «Diez manos» fue un proyecto que nació de algo simple, elemental y muy básico, que es pasarla bien en la cocina y cocinar juntos con otros amigos. Ya perdí la cuenta, pero hemos hecho entre ocho y diez encuentros en el restaurante de Mauro [Colagreco] en Francia, también en Londres, París, Buenos Aires y acá, en José Ignacio, lo hemos hecho tres veces. Cortamos la calle y ponemos una mesa grande para ochenta personas. Es un evento en el que el único fin es pasarla bien y divertirnos.

Fernando Trocca: «No me gustan los reality de cocina, me llamaron dos veces pero no acepté»

-¿Comemos bien los argentinos?

-Deberíamos comer mucho mejor. Creo que ahora hay mucha más conciencia de saber lo que estamos comiendo, de dónde viene, cómo se produjo y se cultivó, quién lo hizo, cómo llegó a nuestras manos. De tener cuidado con eso. Sobre todo, cómo alimentamos a nuestros hijos.

-Tenemos un país con miles de kilómetros de costa y, sin embargo, el pescado no tiene un rol protagónico estelar en el plato.

-Creo que tiene que ver con una cuestión cultural. Hoy comemos mucho más pescado. Pero hace 25 o 30 años, casi nada. Es una cuestión de tiempo y de aprender a comerlo y a cocinarlo. También somos muy carnívoros. Sabemos mucho de cocinar carne y muy poco de pescado.

-¿Cómo poner un restaurante y no morir en el intento?

-En primer lugar, no haber nacido en la Argentina. No es fácil. En los noventa esa fantasía giraba por todos lados. Y todo el mundo quería poner restaurantes. Ahora muchos ponen bodegas y tienen vinos.

-El comensal es para ustedes como el profesor de la mesa examinadora.

-Tiene que comer bien, hay que cuidarlo y atenderlo. Hay que servirle el vino cuando se le termina. Estar atento cuando levanta la mano. La comida tiene que llegar caliente y bien.

-Hablemos del punto del plato, porque ese es todo un tema. ¿Cuál es el punto?

-Prefiero comer la carne a punto. Pero si hay gente a la que le gusta comer la carne bien cocida. se pierde muchas cosas que bien cocida no tiene. Pero si le gusta, que la coma bien cocida.

-El restaurante es al mismo tiempo fábrica y artesanal.

-Es artesanal y los tiempos son algo muy importante en un restaurante. La gente no lo sabe o no lo entiende. No lo ve, pero el tiempo adentro de un restaurante es fundamental. En la cocina ni te digo. Una mesa de ocho personas: todos los platos tienen que salir al mismo tiempo. Pero uno pide pescado; aquel, una pasta; el otro come carne bien cocida. La carne bien cocida no va a tardar lo mismo que los ravioles. Los ravioles no van a tardar lo mismo que el pescado. Sin embargo, los cocineros se miran, se hablan. Y cuando sale, sale todo junto. Y cuando sale todo junto, el camarero tiene que estar del otro lado esperando los platos para llevarlos y que no se enfríen. Es un engranaje que debe funcionar bien, entre cocina y salón. Es algo que tiene que estar muy unido y fluir.

Chacarita: cómo el barrio funebrero se volvió cool

Fuente: Clarín ~ Una zona de quintas que los árboles frutales perfumaban apenas empezaba a asomar el calor. Cerca del monte de los durazneros, los jesuitas habían construido un edificio de ladrillos con un patio encuadrado por galerías con arcadas. Al lado, una capilla y más atrás una segunda construcción con un patio y varios galpones. A fines del 1600, en esa chácara (chacra), los alumnos del colegio San Ignacio de Loyola (hoy Nacional de Buenos Aires) pasaban los veranos. Las huellas de las carretas trazaban el camino que unía a este solar con el centro de la ciudad: dos leguas interrumpidas por zanjones y por el arroyo Maldonado. Por aquel entonces, a la zona se la conocía como Chacarita de los Colegiales.

En 1871, una nueva epidemia de fiebre amarilla devastó a Buenos Aires. Murieron más de 500 personas en un solo día. Los dos cementerios de la ciudad, el del norte (Recoleta) y el del sur (Parque de los Patricios) estaban repletos. Por eso, se construyó un tercer camposanto en lo que hoy es el Parque de los Andes. Sus cinco hectáreas también quedaron chicas y, cuatro años más tarde, se trasladó al lugar que ocupa hoy.

Durante décadas, el cementerio fue la referencia que el barrio arrastraba como un grillete. Hasta que, en el albor de 2000, Palermo empezó a sumar tentáculos y alguien se animó a declarar Palermo Dead a Chacarita. Una irreverencia que indignó a los locales y espabiló al resto. Entonces, llegaron los emprendedores, los nuevos vecinos y la curiosidad. Chacarita demostró que estaba más vivo que nunca.

Alejandro Simik armó un museo fotógráfico en su bar de Lacroze 3901. La gran atracción es una cámara de 1870 con rueditas.

La avanzada del arte

Todo empezó con la crisis de 2001. Con el Bar Palacio (Av. Federico Lacroze 3901) casi despoblado y su dueño yendo al Mercado de Pulgas de Dorrego para pasear entre los puestos. Lo hacía con la mirada afilada, claro. Porque además de gastronómico, Alejandro Simik es fotógrafo. Entonces, de esas expediciones regresaba con alguna cámara antigua. La colección crecía y crecía.

Enhebrando entusiasmos, Alejandro armó El Museo Fotográfico Simik en su bar. Ahí se exhiben casi 3.000 objetos. “Uno de los que más llama la atención es la cámara de 1870 con ruedas para desplazarla por el estudio. Me gusta observar el asombro de las personas que miran un visor estereoscópico por primera vez. Se ven las imágenes como en 3D”, cuenta.

El Museo está abierto de lunes a sábado, de 7 a 24. Además de las cámaras antiguas, exhibe muestras de fotos. Los martes, jueves, viernes y sábado, a las 20, hay show de jazz. Todo con entrada libre.

El Café Los Antes fue el primer escenario porteño en el que Julio Sosa desgranó tangos. Con el tiempo, el bar dio paso a una ferretería y, más tarde, al abandono. En 1999, el actor Ricardo Arauz lo transformó en el teatro y bar Gargantúa (Jorge Newbery 3563), hoy un café concert.

A pocos metros, en la esquina que antes ocupaba la fábrica de dulces Esnaola, Central Newbery (Jorge Newbery 3599) dedica sus 400 metros cuadrados a exposiciones, escultura y objetos únicos.

En 2011, una antigua playa de estacionamiento se convirtió en El Galpón de Guevara (Guevara 326), un espacio cultural con dos salas, bar y una cartelera teatral más que interesante. Ahí se representó La desgracia, una de las obras más exitosas del under, que se repone a partir de marzo.

Santos 4040 (Santos Dumont 4040) es más que una sala de teatro independiente. Allí también se puede escuchar música en vivo acompañada de una cerveza artesanal o una copa de vino.

Terrazas y veredas: un poco de aire libre en el verano porteño

Fuente: La Nación ~ Se sabe: Buenos Aires es una jungla de cemento, donde los edificios ocupan el lugar de los árboles y los autos surcan los caminos urbanos. Por suerte, aún entre tanto edificios y asfalto es posible encontrar refugios: bares y restaurantes que permiten ver el cielo enmarcado de árboles y estrellas. Terrazas, veredas anchas, patios o jardines a modo de pequeños oasis ciudadanos. Beber allí una copa de vino, disfrutar una comida completa o de un aperitivo apenas atardece permite sentirnos por unos instantes en medio de las vacaciones. Aquí, un recorrido por novedades abiertas en 2019

Tomo 1

Tomo 1 es uno de los mejores restaurantes del país: comandado por Federico Fialayre, su cocina está en un gran momento de madurez. Pero el alto precio y ese aire de exclusividad convierten a este lugar en una figurita difícil. La novedad 2019 es que acaban de terminar su remodelación, sumando una gran terraza con vista al obelisco abierta solo de noche para tapeos. Tras incorporar un dispenser de vinos por copa, pueden ofrecer por ejemplo un Vive Rosé de Altavista por $200 (también una copa de Nicolás Catena 2015 a $2000), junto con cócteles (Maker’s Manhattan, Ponche Mbaracuyá, entre otros) y tapas como croquetas de choclo, dumpling de camarones o gnocchi de sémola con bresaola ($300 cada tapa). Una manera distinta para ir a un lugar fantástico. En Carlos Pellegrini 521

La Fuerza

Protagonista de la revolución gastronómica de Chacarita, La Fuerza va por más, arrancando el 2020 con una flamante terraza desde donde ver por arriba a la Av. Dorrego. El plan es pedir un Rojo (uno de los vermús de la casa, a base de malbec, elaborado en Mendoza) con soda y un triolé con queso, muy buenas aceitunas y algún embutido; con esto alcanza para sentirse en modo vacaciones. Ni hablar si la elección son las papas fritas a caballo, que llevan directo a la infancia. En Av. Dorrego 1409

Amaro. Hnos

Una cerveza, un cóctel; una pizza hecha en un precioso horno Capelli alimentado a quebracho y espinillo hasta 450°C. Una amplia vereda de barrio y la gran sombra de un ceibo añoso. Todo esto ofrece Amaro Hnos., el proyecto familiar de dos hermanos en una esquina de Núñez. El lugar enciende el horno a la mañana y lo apaga con la última estrella. Lo mejor: ir al atardecer, cuando el bartender Alejandro Zielli prepara fantásticos Pimms Cups (trago veraniego a más no poder), para acompañar pizzas de papa y ricota o queso azul y calabaza, entre otras. En 11 de Septiembre 4202

Invernadero

Gin Tonics tirados y tapas sabrosas, en un ambiente glamoroso: así es Invernadero, el bar abierto en lo que supo ser el café Macedonio, conectado con la Plaza del Lector y la Biblioteca Nacional. El gin es elaborado por los hermanos Bruno y Franco Moretti (también hacen la tónica artesanal), y el toque especial lo suma Juani Calcaño, jefe de barra con muchísima experiencia: el Casa Tomada tiene pétalos de rosa y pepinos; el Juguete Rabioso lleva manzana verde, cardamomo y pimienta, entre muchas más opciones. Lo mejor: sentarse en su patio, al pie del imponente edificio diseñado por Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga, con un copón en mano, picando unas croquetas de bechamel, parmesano y panceta. En Agüero 2502

Invernadero, un bar abierto donde el fuerte el es el gin tonic y las tapas Crédito: Archivo

Surubí

Un poco de Paraná en el centro de Palermo. Eso es Surubí, la única propuesta hoy en Buenos Aires especializada en los pescados de los ríos mesopotámicos. Pacú, surubí, dorado, entre otros, preparados a la parrilla, a la pizza, en milanesa, con roquefort, al paquete, en chupín. Hay para todos los gustos, siguiendo tradiciones compartidas en el litoral argentino. El creador de esta casa es un santafesino que, viniendo mucho a Buenos Aires, extrañaba sus platos regionales y decidió hacerse cargo de esa falta. De noche, la terraza es perfecta para disfrutar unas empanadas de surubí y un escabeche junto a un buen vino blanco, y sentirse así a orillas del Paraná, con los pies casi tocando el agua. En Soler 4611

Gontran Cherrier

Con vista directa a Plaza Armenia, Gontran Cherrier es una de las muy buenas aperturas de 2019. Vereda grande, una terraza-balcón que se llena cada noche y una gran propuesta de panadería francesa, muy buen café y sándwiches para pasar desde el desayuno a la cena. Creada por un panadero francés (de nombre, claro, Gontran Cherrier, reconocido por sus libros de cocina y programas en TV), esta es la primera sucursal en Latinoamérica de una cadena con presencia en Asia, Europa, América y Australia. Mucha calidad en los ingredientes (incluso la harina y la manteca se importan desde Francia), gran técnica y una brioche de jamón y queso que es una delicia. En Malabia 1805

Revuelta

Un jardín con deck de madera, plantas y mucha luz en la zona fuerte del Palermo gastronómico. Revuelta es una gran novedad que dejó el fin de año, un restaurante delicado y delicioso, como parte del Hotel Own Gran Palermo Soho. Allí trabaja el cocinero Federico Nudelman, jugando con sabores del mundo bajo una mirada propia. Desde una lisa ahumada con mayonesa de lima, hinojos escabechados y ajo confitado hasta un fatay de cordero con yogurt y menta, pasando por una suerte de gefilte fish hecho con langostinos y una ensalada de pak choy, habas y pomelo. Creatividad, sabor, precios muy razonables. Y un jardín para descubrir. En Gurruchaga 2121

Francisca

Desde hace unos años, el paseo gastronómico frente al Rosedal es uno de los grandes puntos de encuentro a cielo abierto de la ciudad, con marcas reconocidas ofreciendo una cocina dirigida a familias y comensales jóvenes. Hamburguesas en Williamsburg, ahumados en Rock & Ribs, cervezas y música en Avant Garten son los highlights junto a Möoi, Santa Crepa y Starbucks, entre otros. La última novedad: Francisca. Estética de aires marroquíes con gran carpa en el exterior, un horno a leña y gas de donde salen ricas pizzas, mollejas de corazón y provoleta, entre más platos. La pizza de straciatella -la parte cremosa de la burrata- es el hit de la casa. Para beber, cervezas y cócteles. Un lugar aún de estreno con vista a los lagos de Palermo. En Av. Infanta Isabel 110

Enero

El nombre ya lo dice todo: Enero busca emular un espíritu vacacional y veraniego a ultranza. Y lo logra, especialmente en su enorme espacio al aire libre, frente al Río de la Plata, en la Costanera Norte (ahí nomás del aeropuerto Jorge Newbery). Menús de mediodías tranquilos a muy buen precio; noches largas y glamorosas que muchas veces se estiran en fiestas con DJ y champagne francés, un horno de barro de donde sale el ojo de bife de 650 gramos o el salmón con cous cous, entre muchas más opciones. Vinos, cócteles, y una ambientación que hace imaginar que uno está en algún parador canchero de José Ignacio. En Av. Rafael Obligado 7180

Trade

La terraza más espectacular de Buenos Aires la tiene Trade, el bar abierto en los últimos pisos del Comega, uno de los grandes edificios racionalistas de la historia porteña.

Con barra propia y una vista de casi 360° de la ciudad, Trade es uno de esos lugares que, sí o sí, hay que conocer al menos una vez. Indispensable para turistas que quedan maravillados de esa imagen aérea de la ciudad, pero también para locales que no estamos acostumbrados a observar a Buenos Aires desde tan arriba, todo el espacio está diseñado mirando hacia afuera. Dato no menor: los cócteles son deliciosos. En Av. Corrientes 222

El boom de los platitos: los restaurantes achican sus porciones y ahora van al centro para compartir

Fuente: Clarín ~ Hasta no hace mucho tiempo, uno iba a un restaurante, pedía el menú, lo abría y empezaba a pasar las hojas que, más allá de la extensión, organizaban los platos en entrada-principal-postre. Pero ahora, eso cambió. Y cada vez en más lugares, esos compartimentos estancos se diluyeron. Dejando la salvedad del dulce para el final (¡todavía!), la división entre entrada y principal es cosa del pasado.

Ahora, la tendencia, son los platitos. Al centro, para compartir. Familiares de las tapas y las raciones, muy instaladas en los restaurantes de cocina española, los platitos avanzan en restaurantes de cocina asiática, latinoamericana, de autor y hasta en los de inspiración más casera.

“Las tapas vienen de España, donde la gente se tomaba un aperitivo y generalmente arriba de un pan o una tostada se ponía algo y se colocaba sobre el vaso, por eso se llama tapa. Los platitos básicamente son raciones pequeñas de comida”, diferencia Martín Arrojo, chef de Jornal, un nuevo restaurante de cocina casera en Saavedra.

Un viernes a la noche, cuesta conseguir lugar en Sifón, una de las aperturas estrella del último año en el creciente polo de Chacarita. Allí los tragos con soda acompañan los platitos de metal en los que se sirven, por ejemplo, una chistorra con pan y huevo o un matambre con puré de papas y coliflor. “Para nosotros este concepto es una búsqueda”, dice Juan Manuel Bidegain, uno de sus dueños. Todo se cocina a la plancha, y todo es pequeño, a un promedio de $ 200 por plato. La recomendación de la moza, cuando trae la carta impresa en una hoja A4 con una impresora doméstica, es pedir dos por persona. El público, básicamente millennial/centennial, a veces la sigue, a veces pide menos, a veces pide más. Porque una de las ventajas de la fórmula platito es que es a demanda.

“El cálculo de las porciones depende de cada comensal. Lo habitual en nuestro formato es entre 3 y 4 por persona”, contabiliza Julián del Pino, chef de Vico Wine Bar, un bar/restaurante que expende vinos por copa, fue pionero con este formato de raciones desde su apertura en 2017 y hoy ya tiene tres locales. “Te da la opción de poder manejar tu propio presupuesto. Podés picar algo por muy poca plata o podés probar muchos productos. Básicamente, por la misma plata, en vez de que dos personas coman el mismo plato pueden compartir varios platitos”, señala Diego Rizzi, jefe de cocina de Opio, un gastro pub de street food asiático que tiene principalmente un público joven.

“Los comensales son curiosos, preguntan e investigan. Buscan probar nuevos sabores. Y claro que en esta crisis que vivimos el bolsillo es todo un tema, la gente no quiere dejar de darse gustos y quizás busca la forma de ajustar el bolsillo. La opción de los platitos se ajusta a ambos puntos: la experiencia y el presupuesto para vivirla”, plantea Sebastián Montero Horianski, socio de Sí, pastrón.

Para el cliente puede ser más conveniente, pero la decena de restaurantes y bares con este formato consultados por Clarín coinciden en que para ellos no es más rentable ni más simple trabajar en este esquema. “Más bien todo lo contrario. Cada preparación de platito requiere la misma cantidad de tiempo y, en ocasiones, más que preparar platos grandes”, remarcan Gaspar Natiello y Damian Giammarino, dueños de Ajo Negro, un espacio que abrió el año pasado en Chacarita y que tiene su carta basada en pescados y mariscos directamente ordenada en “tapitas”, “tapas” y “postres”. Dicen que lo hicieron así porque “a nosotros como comensales a la hora de sentarnos a comer, nos aburre la idea del clásico entrada-principal-postre”.

Descontracturar y probar más, coinciden todos los chefs, es el principal motivo que los llevó a achicar las porciones. “El modelo de platos chicos al centro de la mesa está en auge. Es una tendencia a ofrecer una propuesta distendida donde se disfrute de a dos o más. Desde el principio decidimos crear 100% de platos chicos por gusto gastronómico personal. Para nosotros, es mucho más interesante que se puedan probar diferentes sabores y productos a quedarse en una experiencia limitada a un plato principal”, dice Paul Porras, uno de los socios de Ronconcón, un nuevo restaurante de Caballito que combina en su carta sabores de distintos países de Latinoamérica.

A cucharear. Dos comensales comparten una misma porción en Ajo Negro, uno de los restaurantes que sirve 100% platitos. (Martín Bonetto)

Gonzalo Aramburu, el creador de Aramburu –elegido el año pasado como uno de los 10 mejores restaurantes del mundo por la comunidad de TripAdvisor— optó por este formato en el segundo de sus locales, Bis. Y aporta una explicación científica a la tendencia: “El hecho de que las porciones sean pequeñas invita a que los comensales puedan tener acceso a mayor cantidad de opciones y ayuda a comprender un poco más la propuesta. Además, según la psicología del gusto, después de seis o siete veces que llevamos comida a la boca nos acostumbramos a los sabores. El concepto de pequeñas porciones evita el aburrimiento y se pueden registrar los sabores por más tiempo”. Darío Mufara, dueño de Green Bamboo –restaurante de cocina vietnamita que en 2019 cumplió 20 años–, aggiornó la carta por una demanda de los clientes: “Nos dimos cuenta de que pedían varias entradas y armaban algo que internamente llamábamos mix de entradas como código para la cocina. A raíz de esto vimos la posibilidad de ponerlo en la carta y que los clientes lo armen con lo que desean probar sobre una serie de opciones de fingers”.

Cambió la manera de comer. La gente quiere algo más rico y más rápido. Y se cansó de la empanada y la milanesa. ”, sentencia Christina Sunae, otra experta en cocina asiática. La cocinera filipina tiene un reconocido y exitoso restaurante en Palermo (Cantina Sunae), y recientemente acaba de abrir un Apu Nena, un bar de tapas asiáticas en el barrio donde vive, Chacarita. “Siempre quise poner un local chiquito donde pudiera hacer cualquier comida ese día”, dice Sunae, que en sus platitos puede servir desde vieiras o caballa, a hojas de mostaza con piña a la parrilla y kale frito. Dice que a mucha gente le gusta la propuesta, pero que otros prefieren la clásica de sentarse a la mesa en la cantina.

¿Es que tiene que ver esta tendencia con la edad? ¿Es sólo para un público joven? También aquí hay coincidencia en que no es excluyente para un público joven, sino más bien curioso. «Hoy en día, las raciones son una tendencia que podemos encontrar en las principales ciudades del mundo y también en diversas propuestas de street food que han llegado a ser reconocidas con estrellas Michelin», apunta Nacho Trotta, chef de Bestia. ¿Cuáles son algunos de esos lugares? Madrid, País Vasco, Oriente Medio y principalmente en Asia.

Ante estos cambios, ¿qué pasa en los restaurantes clásicos? En muchos de ellos, por sólo compartir un plato, a los comensales les cobran un recargo e incluso hubo un proyecto legislativo que no prosperó para impedirlo. Pero lo que no cambió la ley, lo están cambiando los usos y las costumbres. “Sí, hay lugares que lo cobran, pero menos”, apunta Carlos Yanelli, presidente de la Cámara de Restaurantes porteña. En su restaurante, Estilo Campo, no tienen recargo, e incluso están impulsando la modalidad del plato a compartir, contracara del platito. “Lo hemos tomado como política a pedido del comensal”, explica. Así, por ejemplo, si en una mesa piden el asado de tira, hasta se puede elegir que una salga a punto y la otra jugosa.

Siempre en movimiento, la gastronomía porteña busca tendencias, importa algunas, adapta otras, crea algunas más. Hija del cambio cultural, de la crisis o de ambas, la del plato al centro y a cucharear todos juntos, parece haber llegado para quedarse.

El dilema del maridaje

Comer tantas cosas distintas plantea un dilema: qué beber. ¿Qué botella comprar que pueda acompañar bien todas las instancias de esta comida? En el wine bar Vico, uno de los pioneros en este formato, la carta se armó así desde el vamos para que los clientes pudieran maridar cada plato con los vinos que sirven por copa en sus dispensers.

Si en el restaurante no hay opción de vino por copa, los vinos más versátiles como un Pinot Noir o un rosado funcionan bien con la diversidad. Los tragos o las cervezas, según el caso, también pueden simplificar el maridaje.

Mostaza planea abrir 25 nuevos locales este año


Fuente: Clarín ~ Después de llegar a las 140 sucursales el año pasado, la cadena de hamburgueserías Mostaza decidió reforzar su presencia en el mercado con una proyección de más de 25 nuevas aperturas.

La marca apunta a fortalecer su negocio en las plazas más estratégicas del país, con nuevas sucursales en Rosario, Córdoba, Corrientes, Capital Federal (6 nuevos locales), Gran Buenos Aires (al menos 8 inauguraciones) y la Patagonia, región que cobra protagonismo y reúne cuatro aperturas.

Además, la cadena que compite con McDonald’s y Burger King, desembarcará en nuevas provincias, como Catamarca y Misiones, cuyas inauguraciones están planificadas para mediados de año.

“El sistema de franquicias es el motor de nuestro crecimiento como empresa. Este factor nos llevó a posicionarnos como el segundo player en el mercado de fast food”, comentó Christian Galdeano, CEO y fundador de Mostaza.

El año pasado, creció un 20% respecto de 2018 y creó más de 1.100 nuevos puestos de trabajo, comentaron.

Durante el año pasado la empresa amplió su presencia en el país desembarcando por primera vez en provincias como San Luis y Entre Ríos (Paraná). Además, se consolidó en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Tucumán y Córdoba. Esta última fue una de las plazas que más creció: pasó de tener 1 a 5 sucursales en toda la provincia.

Las nuevas tiendas se desarrollaron en los diferentes formatos que propone la marca: dos de ellas son Auto Mostaza -con locales más grandes, estacionamiento y atención al vehículo; 18 se encuentran en Vía Pública y 5 son Barras de Shopping, ubicadas dentro de los centros comerciales.

“La clave hoy es estar en contacto y generar un vínculo con los nuevos tipos de consumidores que no sólo están multi conectados, sino que son conocedores expertos que buscan mucho más que un producto de calidad, exigen un valor agregado y quieren identificarse con la propuesta”, aseguró Galdeano.

En línea con estas tendencias, la compañía impulsa acciones desde sus diferentes canales. La APP, lanzada durante 2019, tiene hoy con cerca de 3 millones de descargas donde los usuarios encuentran beneficios y descuentos. Esta herramienta ya representa el 20% de los tickets vendidos en los locales.

Panorama de la ocupación hotelera durante enero y datos sobre febrero

Fuente: FEHGRA ~ Entre los destinos que mayor flujo turístico están teniendo, se destaca La Cumbrecita, Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita, en Córdoba; localidades de la Costa Atlántica bonaerense, como Mar del Plata, Villa Gesell, Pinamar, Monte Hermoso, Miramar; Villa La Angostura y El Calafate, en la Patagonia; y Gualeguaychú y Colón, en Entre Ríos, entre otros.

Según datos recabados por la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA), recopilados por las Filiales y reportados por los Coordinadores de todas las Regiones del país, durante enero la ocupación hotelera fue positiva en distintos polos turísticos. También se comparten datos sobre proyección de ocupación para febrero.

Algunos Datos

En la Provincia de Buenos Aires, durante la segunda quincena de enero Villa Gesell tuvo una ocupación del 85% de la oferta, que se suma al 90% de ocupación durante la primera quincena. A su vez informa que Mar de las Pampas registró durante todo el mes casi plena ocupación, con 99% promedio. En Monte Hermoso, la ocupación hotelera en enero fue de alrededor del 88%, y las reservas para febrero son del 42%. En Mar del Plata consignaron un 85% de ocupación en enero. Agregan que del 17 al 26 de enero el promedio de ocupación en los hoteles asociados a la Filial fue del 95% con muchos establecimientos al 100% los fines de semana del mencionado período. Las reservas para los primeros 10 días de febrero son del 75%. En Pinamar, la ocupación durante la primera quincena fue del 82% promedio, con picos del 91%; y en la segunda quincena promedió el 96%, con picos del 99%. En Miramar, cerraron enero con un 88% de ocupación; y hasta la fecha tienen reservas para febrero del 66%. En Necochea, alcanzaron entre el 75% y el 80% en enero; y tienen reservas por el 40% para los primeros 10 días de febrero. Con respecto a Mar de Ajó, hubo un 70% de ocupación en enero, y proyectan la misma ocupación en febrero. Tanto San Bernardo como La Lucila del Mar, consignan 80% en enero y proyectan misma cifra en febrero.

La ocupación hotelera en Bahía Blanca correspondiente a enero fue del 60%; mientras que la proyección para febrero es alcanzar entre el 70 o el 75% de ocupación. Consignan un dato de importancia para la región: la reinauguración del Autódromo Ezequiel Crisol el próximo 23 de febrero. Con un calendario que promete ser muy nutrido, está en agenda la primera fecha: Categoría Turismo Nacional, del 21 al 23 de febrero. También informa que, en los principales destinos de la amplia jurisdicción Sudoeste de la Filial, los datos de ocupación en enero se ubicaron entre 80 y 90%. Con respecto a febrero, destacan la organización de importantes eventos, que impulsan la llegada del turismo, como la Fiesta del Cordero al Disco el 22 de febrero en Indio Rico, Partido de Coronel Pringles; y distintas propuestas musicales en el marco de Pehuen Rock, que se desarrolla en PehuenCó, Coronel Rosales.

En Tandil, la ocupación hotelera durante enero llegó al 73% de la oferta, y tienen reservas para febrero del 51%. Subrayan la oportunidad de mejorar la performance del 6 al 9 de febrero ya que en la ciudad se realiza una nueva edición del convocante «Festival de la Sierra y el Salame Tandilero», que nació en 1983.

En La Plata confirman un promedio de ocupación durante enero del 50%, con registros del 61% durante los fines de semana, y del 39% durante los días de semana. Para febrero proyectan alrededor de 40% de ocupación. Consideran importante destacar que los niveles de ocupación se vieron impactados favorablemente por la carrera internacional de Motocross que se disputó en la ciudad.

En la Región Patagonia, San Martín de los Andes, en Neuquén, tuvo una ocupación hotelera del 83% en enero, y estiman una ocupación del 66% de la oferta para febrero. En la misma Provincia, Villa la angostura consigna una ocupación del 88% en enero. Con respecto a febrero, informa estimaciones del 65% para la primera quincena, y del 53% para la segunda quincena.

En Río Negro, Bariloche indica que en enero alcanzaron el 77% de ocupación, y que proyectan para febrero un 62% de ocupación. En la Zona de los Valles de Río Negro, la ocupación de enero fue de casi el 57%; mientras que para febrero estiman un 44% de ocupación, con mejor performance en General Roca debido a la tradicional Fiesta Nacional de la Manzana. Por otra parte, la Zona Atlántica de Río Negro cerró enero con un 78% de ocupación hotelera.

En Santa Cruz, El Calafate alcanzó el 88% de ocupación en enero; y proyectan para febrero el 73% de ocupación. Agregan que del 14 al 22 próximos se celebra la 143° Fiesta Nacional del Lago Argentino, prestigioso festival que cada año tiene una nutrida agenda de actividades.

En Chubut, Comodoro Rivadavia registró una ocupación de casi el 50% en enero; mientras que Puerto Madryn informa 65% de ocupación durante enero, y proyecciones del 43% para febrero.

La Región NEA, posee destinos especialmente favorecidos, como Gualeguaychú que, además de haber obtenido una óptima ocupación durante enero, alcanzando el 73% -con mejores registros durante los fines de semana-, mejora sus expectativas para febrero. Tienen reservas por el 85% promedio, algunos establecimientos tienen plena ocupación y otros apenas llegan al 50%. Estiman que, para el fin de semana del Carnaval, la ocupación supere el total de las plazas, como sucede cada año. Con respecto a Colón, cerró enero con una ocupación del 80% y proyecta alcanzar el 70% en febrero; mientras que Concepción del Uruguay alcanzó el 75% de ocupación en enero, y proyecta llegar a 70% en febrero. Por otra parte, Concordia tiene un 67% de reservas para febrero, con buenas expectativas durante los fines de semana con los Desfiles de las Comparsas de Carnaval; y Paraná concluyó enero con un 55% de ocupación.

En Santa Fe, Rafaela tuvo una ocupación del 60% en enero, y planea alcanzar el 50% en febrero; y la ciudad de Santa Fe de la Veracruz informa casi 40% de ocupación en enero.

Por otra parte, Corrientes comunica un 67% de ocupación en enero, y expectativas del 31% para febrero; y Formosa, 53% en enero, y 50% en febrero. Por último, en Misiones, Puerto Iguazú consignó 60% de ocupación en enero, y estima alcanzar un 50% en febrero; mientras que la ciudad de Misiones informa registros de ocupación durante el primer mes del año del 55%.

En la Región Centro, la Provincia de Córdoba existen localidades con una oferta turística muy elegida durante la temporada estival. Es el caso de La Cumbrecita y Villa Yacanto, que alcanzaron casi plena ocupación durante la segunda quincena de enero, con 98%; Villa General Belgrano y Los Reartes, con 97%; Santa Rosa de Calamuchita, con registros del 96%; y Villa Rumipal, con 70%. Con respecto a la primera quincena de febrero, tanto Villa General Belgrano como Santa Rosa de Calamuchita estiman una ocupación cercana al 75%; mientras que el resto de los destinos mencionados proyectan una ocupación de alrededor del 90%. Con respecto a Villa Carlos Paz consignó un 75% de ocupación en enero; La Falda, 70%; y Córdoba Capital, 50%.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires informa que en enero tuvieron una ocupación de poco más del 57%.

Por último, en la Región NOA, Jujuy, la zona de la Quebrada cerró enero con un 85% de ocupación, y la Capital provincial, 55%. Con respecto a febrero, estiman alcanzar casi plena ocupación en la Quebrada, y el 65% en San Salvador de Jujuy. En Santiago del Estero, en enero tuvieron 40% de ocupación; y proyectan mejorar el flujo turístico durante febrero, alcanzando un 60%, impulsado por el reconocido Festival Nacional de la Salamanca, que organiza este año su XXIX edición. En la Región CUYO, Mendoza consigna un 75% de ocupación; y proyectan llegar a un 70% en febrero.

Conociendo los Proveedores del sector, el «Quienes Somos» de Lareu

Fuente: Guía@Gastronómica ~ Lareu es una empresa líder en equipamientos comerciales para el rubro gastronómico. Nuestra empresa nace en 1964 con un taller de reparación y service de heladeras. Desde 1986 comenzamos con la fabricación de heladeras exhibidoras, de almacenaje y cámaras frigoríficas. Brindamos también los servicios de instalaciones y carpintería para comercios gastronómicos destinado principalmente a panaderías, confiterías, heladerías, fábrica de pastas y cafeterías. Hoy en día nos avalan más de cuatro décadas de consistente actividad en la industria del frío.

Desde 1986 comenzamos con la fabricación de heladeras exhibidoras, de almacenaje y cámaras frigoríficas.

Nos caracteriza nuestra sólida experiencia y la atención que ponemos a la calidad constructiva de nuestros productos, los cuales combinan tecnología de punta y materiales de alta calidad. Somos fabricantes con producción estandarizada pero también hacemos trabajos especiales a medida para satisfacer la necesidad de nuestros clientes a la hora de encarar sus proyectos comerciales.

Administración y ventas
Vélez Sarsfield 6102, (1605) Munro.
Tel: 4762 5368 / 1363
ventas@lareu.com
administracion@lareu.com

Fábrica y Planta de inyectado
Cerrito 2850, (1605) Munro.
Tel: 4756 6622

El Mercado de los Carruajes, el primer mercado minorista gourmet de la Ciudad

Fuente: GCBA ~ Horacio Rodríguez Larreta recorrió las obras del proyecto gastronómico de Retiro junto al ministro de Desarrollo Económico y Producción, José Luis Giusti. «Vamos a seguir promoviendo a Buenos Aires como capital gastronómica”, expresó el Jefe de Gobierno porteño.

 
 
 

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, recorrió este viernes junto al ministro de Desarrollo Económico y Producción, José Luis Giusti, la obra del Mercado de los Carruajes, el cual será el primer mercado minorista gourmet de la Ciudad de Buenos Aires.

Rodríguez Larreta destacó que “muchos turistas vienen a Buenos Aires a comer” y remarcó además “este concepto de mercado donde en un mismo lugar pueden encontrar cosas para comprar, locales para comer al paso, y en un lugar además tan bien ubicado, con mucha gente que trabaja alrededor”.

“Vamos a seguir promoviendo a Buenos Aires como capital gastronómica”. (Horacio Rodríguez Larreta)

“Tenemos una gran expectativa para abrirlo en tres meses, aproximadamente”, dijo el Jefe de Gobierno, y agregó: “Vamos a seguir promoviendo a Buenos Aires como capital gastronómica”.Por su parte, Giusti explicó que “esta obra significa muchísimo porque le da la posibilidad a la Ciudad de incrementar la cantidad de empleo para los porteños, y les da la posibilidad de disfrutar la comida de la Ciudad no sólo a los ellos sino también a los turistas”.

Con la inauguración de este lugar se van a generar unos 300 empleos. Se espera un promedio de 350.000 visitantes mensuales.

El mercado, que contará con 36 puestos y locales, estará ubicado en el edificio conocido como “Cocheras Presidenciales”, lugar donde antes funcionaban las cocheras de carruajes y caballerizas de los presidentes del siglo XIX y principios del XX. La remodelación conservará el diseño histórico del edificio.

El proyecto gastronómico de Retiro generará unos 300 empleos.

En la planta baja habrá productos frescos de verdulería, frutería, carnicería, pescadería, panadería y heladería. Además habrá parrilla, vinoteca, heladería y chocolatería.

En la planta alta se podrán disfrutar de productos gastronómicos como rotisería, comida italiana y mexicana, hamburguesería y sushi, entre otros.

Su ubicación es estratégica: cerca del Subte, del Metrobus y de la terminal del Buquebus, lo que potencia su atractivo turístico.Éste será el primero de una cadena de mercados gourmet minoristas a desarrollar en Argentina.

Buenos Aires cuenta con más de 10.000 locales y comercios gastronómicos, que le dan empleo a más de 150.000 personas. Se calcula que unas 6.000.000 de personas almuerzan día a día en la Ciudad.